Boca tuvo todos los ingredientes necesarios como para poder superar una perspectiva que -a priori-se presentaba difícil: una cuota de fortuna (cuando a los tres minutos ya estaba ganando con un gol en contra), estrategia para poner a Estudiantes algunos minutos sobre su área (los suficientes como para marcar un segundo y definitivo gol), inteligencia para poner sobre el terre-no «agrupamientos de jugadores» para trabajar en pequeños bloques, presencia a la hora de salir a cortar cuando se venían los platenses y solvencia a la hora de esperar en defensa, sin dejar huecos para el remate.
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A pesar de que Estudiantes manejó la pelota igual o algo más que Boca, no tuvo nunca la simpleza del equipo xeneize para resolver. Un poco porque todo el equipo pareció someterse a los dictados (innegables, por cierto) de «Tito» Pompei, pero le faltó imaginación a la hora de resolver. Simplemente, porque la llegada a cercanías del área se hacía por individualidad y con poca gente para superar el vallado táctico que le imponía Bianchi.
Este Boca fue diferente. En verdad, nadie sabe si no salió a buscar el partido porque Estudiantes se le fue encima o porque le convenía esperar unos metros retrasado para el contraataque. Cuando llegó el primer ataque de Boca, llegó el gol. Tres minutos, balón cruzado a la derecha (¿Estévez adelantado?), la pelota llega al medio, Delgado la empuja, pega en el palo, y al volver,Angeleri se la lleva por delante y gol.
La diferencia entre Boca y Estudiantes fue marcada. Bianchi procuró que el equipo se mueva «en pequeñas sociedades». Ibarra, Villarreal, Estévez por derecha; Clemente Rodríguez, Cagna y Tevez por izquierda, con Delgado ayudando desde el centro y hacia los dos laterales. Lo contrario de las pretensiones de Malbernat, que plantó una rígida línea defensiva con cuatro hombres (Angeleri-Balbuena-Cáceres-Krupoviesa) y salida indefectible por Pompei.
Estudiantes fue lo previsible que no era Boca. Simplemente, porque llegaban Zapata, Carrusca y Gelabert tratando de apuntalar a Farías y Pavone, pero terminaron siempre con la pelota aérea, el remate anunciado y con el agravante de que, como Estudiantes escalonaba terreno más por individualidad que por jugada colectiva, daba tiempo siempre para que los defensores rivales se rearmaran.
Opticamente, Estudiantes no era menos que Boca. Salía con cierta comodidad, manejaba la pelota (aunque la lateralizaba) y trataba de llegar al arco con una pretendida peligrosidad que se cristalizaba en muy rara oportunidad. No se podrá hablar de una mejor predisposición de Boca tampoco en ataque. Más bien, de un conformismo que se acentuó en el transcurrir de los minutos, porque cuando Boca hace un gol (sea como fuere), da la sensación de partido terminado. No hablemos si hace dos y si enfrente no hay tanto talento como para dar vuelta la historia.
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