Tenis a lógica pura
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Si Gastón Gaudio vio el partido que Gambill le ganó a Lleyton Hewitt en la semifinal, se habrá querido cortar las venas. Gastón lo tuvo ahí en los cuartos de final y no se le dio. Pudo haberle faltado ese espíritu asesino del cual tanto hablaba Connors, pero el argentino venía cumpliendo una tarea estupenda, eliminando a Kafelnikov (5) y a Ferrero (12), y dispuso de un 5-3, saque y una pelota de partido en el 5-4. Jugó el mejor torneo de su carrera y fue sobre cemento. Debe servir como ejemplo para que nuestros tenistas se den cuenta de que se puede.
Gambill, como ya fue dicho en el partido siguiente, le ganó a Hewitt en dos sets y llegó hasta la final. En el partido decisivo estaba Agassi. En el tenis de hoy, encontrarse en primera rueda con Agassi o Sampras es mala suerte, pero tenerlos enfrente en una final es casi una misión imposible. Sólo Kuerten en el Master de Lisboa se dio el gusto de eliminar a uno en la semifinal y a otro en la final. Unico caso testigo.
Por lo demás, lo mostrado por Agassi a lo largo del torneo deja en claro que el número uno podrá ser «Guga» o Safín, pero que el mejor es Andre Agassi. El trabajo realizado en la semifinal contra Patrick Rafter fue sencillamente espectacular, especialmente en el primer set, donde jugó un tenis perfecto. Mejor que eso no se puede jugar y lo sufrió Rafter. Con el Ericsson Open, Agassi logró el tercer título del año. Los 3 más importantes hasta ahora.
En líneas generales fue un buen torneo, pero ningún partido quedará para la historia. Eso sí, en Key Biscayne, año tras años, los organizadores se encargan de demostrar que el ex Lipton y ahora Ericsson Open es el más importante de los torneos después de los cuatro grandes.
Ahora se viene el polvo de ladrillo. Se acabó el martirio para algunos de los nuestros. Serán ocho semanas en donde las noticias que lleguen desde el exterior provoquen más sonrisas que caras largas. A disfrutarlo, estoy seguro de que en alguno de ellos, no sé si Squillari, Gaudio, Coria, Puerta o Zabaleta, seguro va a provocar algo grande. Es una expresión de deseo.




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