3 de abril 2001 - 00:00

Tenis a lógica pura

Que Venus Williams y Andre Agassi ganaran estaba dentro de lo previsible. En un tenis como el de hoy, donde cualquiera le gana a cualquiera, que ganara Agassi es lógica pura.

Lo de Venus también era esperable, porque entre las primeras del ranking y el resto hay un abismo. Se nota revisando los cuadros de los torneos, comprobando que de las últimas 8 siempre hay por lo menos 7 de las que tienen que estar.

Venus se dio un gusto. Le ganó a Martina Hingis, vengándose de la paliza que la suiza le había proporcionado en el Abierto de Australia. Le ganó a Capriati, justamente la campeona de Melbourne, pero también le ganó a 14 mil norteamericanos que hicieron a lo largo de los 10 días que las Williams jugaran de visitantes en su propia casa.

Las chicas pagan caros los despropósitos del padre, al no poder con su genio de querer llamar la atención permanentemente. Logra esto mediante declaraciones fuera de lugar que provocan el odio de las rivales y la desaprobación del aficionado norteamericano.

En fin, hay que ocuparse de lo bien que jugó Venus, de lo malo que fue el partido durante los dos primeros sets y de lo apasionante que resultó al final. Una final con 124 errores no forzados, con 27 dobles faltas y 16 quiebres de saque no puede ser buena de ninguna manera. Sin embargo, el hecho de que Jennifer Capriati dispusiera de 8 match points y que Williams pudiera rematarlo recién en el cuarto intento hizo que el final resultara sencillamente electrizante. Durante los dos primeros sets, hasta cabía exigirles que devolvieran la plata de las entradas. Ellas solas se encargaron de hacerlo.

Ganó Venus y es justo. Que sea desde hoy la número 2 del mundo, también. Uno tenía la sensación de que Lindsay Davenport en estos momentos parecía como calada entre Venus y Hingis, Ahora la lucha por el número uno será más directa y está bien.

Si Gastón Gaudio vio el partido que Gambill le ganó a Lleyton Hewitt en la semifinal, se habrá querido cortar las venas. Gastón lo tuvo ahí en los cuartos de final y no se le dio. Pudo haberle faltado ese espíritu asesino del cual tanto hablaba Connors, pero el argentino venía cumpliendo una tarea estupenda, eliminando a Kafelnikov (5) y a Ferrero (12), y dispuso de un 5-3, saque y una pelota de partido en el 5-4. Jugó el mejor torneo de su carrera y fue sobre cemento. Debe servir como ejemplo para que nuestros tenistas se den cuenta de que se puede.

Gambill, como ya fue dicho en el partido siguiente, le ganó a Hewitt en dos sets y llegó hasta la final. En el partido decisivo estaba Agassi. En el tenis de hoy, encontrarse en primera rueda con Agassi o Sampras es mala suerte, pero tenerlos enfrente en una final es casi una misión imposible. Sólo Kuerten en el Master de Lisboa se dio el gusto de eliminar a uno en la semifinal y a otro en la final. Unico caso testigo.

Por lo demás, lo mostrado por Agassi a lo largo del torneo deja en claro que el número uno podrá ser «Guga» o Safín, pero que el mejor es Andre Agassi. El trabajo realizado en la semifinal contra Patrick Rafter fue sencillamente espectacular, especialmente en el primer set, donde jugó un tenis perfecto. Mejor que eso no se puede jugar y lo sufrió Rafter. Con el Ericsson Open, Agassi logró el tercer título del año. Los 3 más importantes hasta ahora.

En líneas generales fue un buen torneo, pero ningún partido quedará para la historia. Eso sí, en Key Biscayne, año tras años, los organizadores se encargan de demostrar que el ex Lipton y ahora Ericsson Open es el más importante de los torneos después de los cuatro grandes.

Ahora se viene el polvo de ladrillo. Se acabó el martirio para algunos de los nuestros. Serán ocho semanas en donde las noticias que lleguen desde el exterior provoquen más sonrisas que caras largas. A disfrutarlo, estoy seguro de que en alguno de ellos, no sé si Squillari, Gaudio, Coria, Puerta o Zabaleta, seguro va a provocar algo grande. Es una expresión de deseo.

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