Veda futbolística
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Tenemos menos juego que una Iglesia.
En el segundo tiempo siempre se renuevan las ilusiones. Uno cree inocentemente que, luego de conversar en el vestuario, el equipo va a superar todos sus errores. Pero resulta que a eso de los 20 minutos daba la sensación que Caranta se quería ir a su casa porque estaba más aburrido que el "Bambino" Veira en una sesión del Senado.
A los 33 llegó el gol de Andrada, entrando por atrás.
-¡Goooooooooooooollllllllllllllllll, gooooooooooooolllllllllll! ¡El pibe lo hizo, el pibito que entró recién! ¡Andrada, sí, Andrada!
Dos minutos después, como si nos sobraran jugadores, Fabbro, ese del que venimos escuchando hablar desde el verano, sí ese que estamos esperando que de una vez por todas se ponga la banda, ese se hace expulsar de la manera más estúpida.
Y River otra vez como lo marca la historia llamado a sufrir los últimos minutos.
Entró el loco Abreu para que le tiraran galletitas como a las jirafas, y agarró una de cabeza que por suerte fue a las manos de Barovero, lo mejor de River.
Le fueron fuerte abajo a Ponzio en otra jugada para la expulsión.
-¡Echálo Trucco, echálo! Le fue abajo con intención de golpear. ¡Basta de perjudicar siempre a River che!
Lo único para rescatar fueron los tres puntos, más allá nada.
-Daniel, Turnes, Solassi o el Papa Francisco: Pongamos todo en orden porque no podemos arriesgar más. Sin Teo y Mora no asustamos ni a un pibito de tres años. Y ahora sin Fabbro menos.
"Put the battery", porque jugando así vamos a perder más de lo que ganemos.



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