Sería bueno que la FIFA, más allá de obligar a que antes del inicio de un partido internacional se muestre una bandera amarilla con un gran titular de «Fair Play» (juego limpio), ordene a los árbitros que están bajo su órbita que apliquen a rajatabla el reglamento. Fundamentalmente cuando algún jugador proceda a realizar alguna jugada desleal.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Ayer el árbitro noruego Terje Hauge dejó pasar por alto no menos de diez jugadas (la mayoría lo que en nuestro medio se conoce como «planchazo»), en algunos casos reiteradas y en otros descalificadoras. El que ha visto fútbol en abundancia sabe que hay equipos que juegan al filo del reglamento (o de lo permitido, dicho en otras palabras), pero cuando «la acción es manifiesta y dolosa» no queda otro camino que la amonestación.
El moreno Djibril Cisse es un gran jugador, de gran talla y de buenas aptitudes técnicas, pero como el señor no «estuvo en un buen día» primero increpó al árbitro, luego utilizó se cuerpo para desplazar al adversario que le saliera al cruce y culminó su tarea con dos puntapiés de esos in-com-pren-si-bles.
Como castigo final recibió una reprimenda, ni siquiera una tibia amarilla. Mendy -por ejemplo-llevó el camino anticipado a los vestuarios por cuádruple infracción. Fue por una jugada violenta luego de provocarle una seria lesión a Domínguez (que hoy será intervenido por una fractura en el tobillo), donde en ese caso salió a cruzarlo sin intención aviesa. Lo cierto es que FIFA tiene que tomar el toro por las astas y no declamar tanto.
Dejá tu comentario