Periodista: Wall Street celebró la Navidad con suma antelación. Gracias a Jay Powell quien hizo de Santa Claus a partir de noviembre. Todo empezó con la resurrección de los bonos y se extendió después a los demás mercados de riesgo. El S&P 500 corrigió 10% hasta octubre y ahora se ubica apenas a unas décimas de punto de los récords. ¿Qué más se puede pedir?
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Diálogos de Wall Street
¿Cómo pinta 2024, Gordon Gekko? ¿Podrá seguir el rally?
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Gordon Gekko: Que haya paz y tranquilidad en los precios y la actividad. La inercia es la llave para un próspero año nuevo.
P.: ¿Se podrá repetir en 2024 lo que vimos en 2023?
G.G.: No como un calco. Las expectativas, es obvio, están en las antípodas. Y no hay como el pesimismo espeso para revertirse y hacer de resorte potente. Pero, el mercado bull puede proseguir sin drama, no se agotó, aunque se despliegue al alza a un ritmo menos vibrante. Esa es la gracia del aterrizaje suave. La política monetaria montó un puente muy sólido que permite la continuidad del tránsito fluido. Es un éxito notable.
P.: ¿Será por la vía de una expansión de los múltiplos de precio/ganancias?
G.G.: Con tasas de interés más bajas, y la inflación confluyendo a la meta de 2%, resultará más fácil intentarlo. Pero a la par pueden crecer las ganancias más de lo proyectado (lo que no será tan sencillo, eso sí) y sobre todo, las utilidades de ultramar (las que se generen en otras monedas fuera del área del dólar, en un contexto donde no nos extrañará que el dólar se debilite).
P.: Si el rally de Wall Street estuvo muy concentrado en 7 papeles estrella, ahora podrá diversificarse y explotar nuevas ideas de inversión.
G. G.: Es un proceso en curso avanzado, que se aceleró desde noviembre. Pero todavía existe un espacio amplio para que la bonanza derrame hacia los mercados marginales o de la periferia, los que hasta ahora han participado solo muy parcialmente de la mejoría.
P.: ¿Cómo ser...?
G.G.: Rusell 2000, las economías emergentes, y una variedad de productos con spread crediticios que pueden comprimirse.
P.: ¿Tachamos la recesión definitivamente?
G.G.: Siempre habrá sorpresas. En marzo tuvimos una crisis con los bancos regionales en EEUU, UBS debió absorber Credit Suisse de apuro, y el trajín para los papeles bancarios fue muy intenso. Y dañino. Eso -y algo mucho peor- estaba en los cálculos de 2022 y no se produjo. Nos tomó desprevenidos porque el sistema financiero resistió muy bien la presión cuando la Fed subía las tasas a los saltos y a toda prisa. Se astilló, este año, curiosamente, cuando dejaba de hacerlo. No fue muy grave, se subsanó, la Fed (y los otros bancos centrales) pudieron continuar con la aplicación de su política monetaria sin tener que desviarse, y los papeles bancarios comulgan con el rally sin exclusiones. Pero a percances así, seguramente, estaremos expuestos. Si hoy es como si no existiera la volatilidad accionaria.
P.: ¿Moraleja? Hay que cuidarse de los efectos rezagados. La recesión que se pronosticó para 2022, y todo este año, y no ocurrió, ¿podría golpearnos en 2024? La canasta de indicadores económicos líderes, que publica The Conference Board, acumula 20 meses consecutivas de registros negativos. Mantiene así, muy tozuda, su pronóstico recesivo. ¿Será que bajamos la guardia y se nos aparece de frente una contracción?
G.G.: Era un escenario más probable cuando los bancos centrales sostenían el mantra de “tasas más altas por más tiempo”. El cambio de discurso es una señal de que están prestando mucha atención. La renovación de deuda lucía como un desafío importante en 2024 para las corporaciones y para los soberanos. La cuenta de intereses, sin dudas, será más gravosa.
G.G.: ¿La baja de tasas es el antídoto eficaz?
P.: Hasta octubre subían fuerte las tasas largas, nominales y reales. Y la recesión frontal que se evitó en 2022 cuando los bancos centrales corrían detrás de la inflación podía asomar en 2024, irónicamente, con la inflación en una baja más rápida que lo previsto.
G.G.: ¿Powell lo vio a tiempo? ¿Por eso el cambio de discurso?
P.: El Tesoro también detectó una anomalía con la refinanciación de su deuda en el tercer trimestre. La suba de la prima temporal no les sentó bien. Y enterró la idea de que todavía había que tensar más las condiciones financieras. La Fed hoy estimula todo lo contrario. A cambio, eso sí, de abstenerse de intervenir. Los mercados piensan que en marzo saltará al ruedo y ejecutará su primer recorte. La Fed lo hará solo si ve que la economía se debilita.
P.: Por último, ¿qué decir de China?
G.G.: Es la excepción a la regla. En rigor, obedece a una regla propia que Beijing no consigue destrabar.
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