1 de diciembre 2000 - 00:00

Administrar con inteligencia. Por Alberto A. Natale, diputado del Partido Demócrata Progresista.


Si se emplea inteligentemente la asistencia financiera que el Fondo Monetario está proyectando para nuestro país, podemos salir inmediatamente de la crisis fiscal en la que estamos comprometidos y comenzar un vigoroso proceso de crecimiento económico.

Días atrás reiteré la sugerencia que vengo haciendo hace tiempo de reprogramar acordadamente el servicio de la deuda, por su incidencia negativa sobre la economía general (Ambito Financiero, 22/11/00, pág. 16). Ahora quiero demostrar cómo es posible lograrlo, aprovechando acertadamente el emprendimiento del Fondo Monetario.

Estimemos que la asistencia del FMI (juntamente con el BID, Banco Mundial, varios países y entes locales) alcance los 30.000 millones. Admitamos un déficit de 6.000 millones para 2001. Este déficit proviene de una composición del gasto donde se incluye el pago de 11.400 millones por intereses de la deuda pública. Con sólo destinar anualmente 20 por ciento de la asistencia del FMI a cancelar intereses de la deuda, inmediatamente tendríamos equilibrado el presupuesto. Esto asegurado durante cinco años, tiempo similar al del acuerdo firmado con las provincias para mantener congelado el gasto.

Confianza

Con equilibrio presupuestario bajará el riesgopaís, bajarán las tasas de interés (de la deuda pública y de los tomadores privados), renacerá la confianza, saldremos del ciclo recesivo, el país volverá a crecer.

Calculando un modesto crecimiento de 3 por ciento anual acumulativo, al final del quinquenio (cuando se haya agotado el uso de los 30.000 millones de asistencia), habríamos crecido 16 por ciento. Si la recaudación fiscal federal hoy ronda los 45.000 millones por año, el simple crecimiento económico la elevaría a 52.200.Ya habría superávit fiscal y no necesitaríamos ayuda. Si crecemos 4 por ciento anual, al final del quinquenio alcanzaríamos 22 por ciento de crecimiento y la recaudación anual sumaría 55.000 millones. Sólo por haber desahogado el presente, en el futuro tendríamos superá-vit fiscal genuino.

Además, si se encara una reforma impositiva bien pensada, que permita reducir la importante evasión y elusión que hoy tenemos, las cuentas serían todavía mejores. En la nota mencionada antes sugería algunos criterios. Es momento propicio para ponerse a trabajar a fin de poderla sancionar para que se aplique a partir de 2002.

Hoy nuestra economía atraviesa un momento altamente crítico. Hace pocos días el ministro de Economía reconoció públicamente que estábamos al borde del «default», o sea la bancarrota, la cesación de pagos. Sin embargo, nos encontramos muy cerca de encontrar la luz del horizonte, actuando con inteligencia y con decisión.

Si se lo hace, el futuro inmediato será promisorio.


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