El gobierno está aterrizando lentamente en la arena del realismo. Guillermo Nielsen confesó desde Nueva York la semana pasada su fracaso en la primera ronda de negociación con los acreedores externos. Al mismo tiempo, el subsecretario de Presupuesto explicó, en una clase sobre las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, que habrá que aceptar un superávit primario de 4% del PBI. No de 2,5%, como les pidió Néstor Kirchner a Horst Köhler y a George W. Bush. Raúl Rigo, encargado de elaborar el presupuesto de la Nación para Roberto Lavagna, confesó ante alumnos de la Universidad Di Tella que el cálculo de egresos del gobierno es sospechoso para los técnicos del Fondo. Ellos creen, razonablemente, que habrá que bajar las retenciones y el impuesto al cheque más temprano que tarde. Y que el aumento de la recaudación no beneficia al Tesoro: va en su mayor parte a agencias como el PAMI o la ANSeS, que reciben parte del incremento salarial dispuesto por el Presidente. Los gastos también serán mayores: planes sociales, coparticipación provincial, salarios públicos. Con su estructura presupuestaria actual, sostuvo Rigo, la Argentina seguirá bordeando el default. Por eso, el Fondo no querrá acordar por tres años y preferirá un trato más modesto y controlable, sujeto a revisión en 2004. Los alumnos que escucharon a este funcionario estuvieron ante el planteo más realista que produjo hasta ahora el equipo de Lavagna.
Es una ironía, apenas, que la audiencia que fue depositaria privilegiada de las tribulaciones del equipo económico en sus tratativas con el Fondo Monetario Internacional haya estado formada por alumnos de la Universidad Torcuato Di Tella. No hay casa de estudios que esté hoy más unida al gobierno de Néstor Kirchner que la que lleva el nombre del secretario de Cultura. Aunque más no sea por razones nominativas: Di Tella, el funcionario, se vanagloria de no dar clases allí y prefiere la masividad de la UBA, aunque después se queje por los bajos salarios.
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Fue en un aula de la Di Tella donde el subsecretario de Presupuesto de la Nación, Raúl Rigo, enumeró con prolijidad y detallismo digno del cargo las dificultades que encuentra el team comandado por Roberto Lavagna para cumplir con el deseo del Presidente: suscribir con el Fondo Monetario Internacional un acuerdo por tres años. Ese objetivo fue expuesto por Kirchner, como si se tratara de una promesa, en las dos conversaciones más relevantes que mantuvo hasta ahora, con Horst Köhler, en Buenos Aires; y con George W. Bush, en Washington. Sin embargo, los alumnos de la cátedra de Presupuesto Público de la Universidad Di Tella se retiraron convencidos de que el proyecto de Kirchner es casi una quimera. Rigo comenzó mencionando las principales hipótesis del gobierno para ese plan trienal imaginario. Los cálculos suponen que el país crecerá 4% cada año y que la inflación será de 13 a 15% anual desde ahora hasta fines de 2006.
Después la clase-confesión derivó hacia el problema de los egresos del Tesoro. El subsecretario de Presupuesto explicó que los técnicos que comanda John Dodsworth, el jefe de la misión del Fondo radicada en Buenos Aires, sospechan que el gobierno deberá hacer frente a varias erogaciones el año próximo. Los salarios del sector público deberán ser actualizados, sobre todo después del incremento concedido a los privados. La discusión de la coparticipación, además, se hará sobre la espalda del gobierno central. Rigo no lo dijo, pero lo sabe, ya que él es pura cepa bonaerense, integrante de la escuadra de Jorge Remes Lenicov y Jorge Sarghini: una vez que termine el proceso electoral, Felipe Solá ocupará la escena con el reclamo de la provincia por la desproporción en la asignación de recursos federales. Cerca de Solá dicen que estaría pensando en la creación de un fondo de los conurbanos, que atienda las urgencias de las grandes concentraciones que rodean a las principales ciudades del país, no sólo a las de su distrito.
Los técnicos del FMI creen también que para el próximo año habrá una mayor demanda de planes sociales, sea en cantidad de prestaciones como en el monto de éstas, y que el gobierno no hará mucho por resistirla.
Rigo explicó después que la dinámica de los ingresos ayuda poco frente a los desafíos anteriores. El Fondo sospecha que la presión para que se reduzcan las retenciones a las exportaciones no será fácil de resistir por parte del gobierno. El año que viene, tal vez el otro, habrá que eliminarlas, aunque sea parcialmente. La inauguración de la muestra ganadera de la Rural fue una demostración. Otro tanto sucede con el impuesto al cheque. Las empresas han comenzado a preferir el efectivo, aun cuando suponga afrontar los gastos de las transportadoras de caudales, con tal de no ceder ese tributo. El subsecretario explicó a los alumnos, además, que el Fondo está insatisfecho con el incremento de la recaudación. Como buena parte de esa mejora se debe al incremento de salarios, el Tesoro no recibe una moneda del dinero que se deriva a la ANSeS o al PAMI, agencias que elevan sus ingresos con la suba de sueldos. Modificar esa asignación de fondos implicaría aprobar leyes difíciles de tolerar por el Congreso.
La clase magistral de Rigo se fue condensando en el problema central. Con un superávit de 4 por ciento del PBI y la actual estructura de ingresos y egresos, el Estado apenas podría afrontar los vencimientos de los intereses con organismos multilaterales ($ 11.500 millones), de BODEN y préstamos garantizados que vencen el año próximo. Aun así, quedará un rojo de $ 500 millones siempre y cuando los organismos multilaterales refinancien los más de u$s 6.000 millones de capital que vencen en 2004.
El encargado de elaborar el presupuesto del Estado se puso por un momento del otro lado del mostrador y razonó: el Fondo no se va a arriesgar a soltarle la rienda a la Argentina por tres años para estar durante todo ese lapso al borde del default. Lo más probable, concedió Rigo, es que el entendimiento se reduzca a un año, con un compromiso más ambicioso, pero solamente cifrado en una agenda.
Rigo fue sincero y dio la primera señal clara sobre las dificultades que enfrenta el gobierno en sus tratativas externas, más allá del optimismo de Kirchner y Lavagna en sus manifestaciones oficiales. Los acreedores externos opinan bastante parecido a Rigo y, como se ve, apenas están considerados en los cálculos de Hacienda. Tal vez por eso Guillermo Nielsen se apresuró a confesar el fracaso del primer tramo de su negociación internacional con los tenedores de bonos argentinos. Eso sí, lo hizo ante una cadena norteamericana, desde Nueva York. Poco a poco, las deficiencias del equipo oficial y aun del banco que lo asesora comenzaron a ser inocultables. A las costas de Kirchner todavía no parece haber llegado la noticia.
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