El secretario de Transporte, Ricardo Jaime, convocó el lunes a las 11.00 en su despacho a la mayoría de los gremios aeronáuticos, con el fin de informarles quiénes son sus candidatos para reemplazar a Marsans como accionista principal de Aerolíneas Argentinas. El funcionario quizás deba reformular lo que tenía para decirles a los gremialistas: es que ayer se le «cayó un soldado», cuando la española Isolux Corsan salió a negar que estuviera interesada en apoderarse de la aérea.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Sucede que el gobierno -tal como adelantó este diario ayer-necesita un grupo español que tome el lugar de Marsans, para demostrarle a José Luis Rodríguez Zapatero que no hay «mala voluntad» contra España. Isolux, por los grandes negocios que está haciendo con obras públicas oficiales, era el candidato ideal. Sin embargo, el pacto que tenían con Jaime era que primero salía Marsans y después entraba Isolux, por razones hasta de cortesía.
Según pudo averiguar este diario, el funcionario habría hecho enormes esfuerzos para impedir que Isolux hiciera pública su falta de interés en Aerolíneas, sin éxito: ayer esta constructora española amiga del gobierno dice que «el único negocio en el cual concentra sus esfuerzos en el país desde el año 2001 es el de obra pública y el de ingeniería (...) y no presenta entre sus planes a futuro expandir los negocios hacia otras actividadescomo la aerocomercialo servicios públicos». Esta es la peor noticia para el gobierno, que en realidad busca un socio español que justifique el ingreso de su verdadero candidato, el colectivero y operador de trenes suburbanos Claudio Cirigliano. Dura tarea tendrá entonces Cristina de Kirchner a partir de este fin de semana: convencer al canciller español Miguel Angel Moratinos -que visitará la Argentina--que no tienen nada contra Marsans u otro grupo de su país.
Quizás repita lo que le dijo al representante del Estado en el directorio de Aerolíneas, Julio Alak, y que este ex intendente de La Plata repitió frente a cinco secretarios generales de los gremios aéreos: «Quiero que Aerolíneas Argentinas siga volando, y que siga en manos de Marsans».
Según fuentes cercanas a la operación, la propuesta a Isolux por parte del gobierno habría sido hecha a sus ejecutivos locales, que a su vez la trasladaron a la casa matriz. Desde Madrid la respuesta fue: «No podemos aparecer como el instrumento del gobierno para sacar a Marsans, pero si ellos se van, podríamos considerar entrar en la empresa».
Cabe apuntar que Isolux Corsan forma parte de la CEOE, la central empresaria española que preside Gerardo Díaz Ferrán, dueño -junto con Gonzalo Pascual-de Marsans.Justamente ayer, en el Casino de Madrid, Díaz Ferrán disertó ante un nutrido auditorio de empresarios argentinos; y si bien su discurso abordó temas diversos, lo importante fueron las numerosísimas muestras de solidaridad de sus colegas hispanos respecto de sus dificultades en la Argentina.
Poco factible
En este panorama, no parece factible que Isolux o ninguna otra empresa de España acepte apostar su buen nombre y su rentabilidad en una compañía aérea de la que no sólo se expulsa a un grupo connacional sino que además depende de la voluntad de un funcionario (en este caso Jaime) para dejar de perder dinero.
Y en un momento en que todos los vuelos del planeta están a full, los aviones de Aerolíneas Argentinas -tras los numerosos paros salvajes de sus pilotos-viajan semivacíos. Por caso, un vuelo del último fin de semana desde Roma llegó a Ezeiza con 140 asientos libres sobre un total de 350. Cualquiera que haya viajado a Europa o Estados Unidos en los últimos meses sabe de las dificultades para conseguir lugar. Los dueños de Aerolíneas -sea que permanezcan los actuales o resulten reemplazados-deberán encarar la difícil tarea de revertir este deterioro de su imagen, erosionada por cancelaciones, impuntualidad y -sobre todoprofunda incertidumbre sobre su futuro.
Dejá tu comentario