Para el agro, intervención del Estado no provocará una baja en los precios

Economía

Mientras se discute la formación del precio de los alimentos y se revisan los costos de las cadenas productivas, el Gobierno comenzó a discutir con los gremios las paritarias para todo 2021. Se definen las expectativas de inflación con la mirada puesta en el valor de los alimentos.

Luego del encuentro que mantuvieron la semana pasada los representantes de los productores agropecuarios con el presidente Alberto Fernandez, el sector primario reafirmó que no es formador de precios y que la incidencia de los granos en los productos terminados oscila entre el 10 y 20%. En un marco de diálogo con el gobierno, evitaron que cayera sobre ellos una mayor presión tributaria o un esquema intervencionista que lejos de resolver los problemas de la microeconomía, según las experiencias vividas en la historia reciente suele agravarlos.

Al mismo tiempo, comenzaron las discusiones salariales y varios empresarios del sector de la producción aseguran que uno de los ítems que pesa fuerte en las estructuras de costos son las paritarias. En cuanto al salario de los trabajadores rurales, cosecheros, etc. alcanzaron durante 2020 una paritaria total cercana al 36%. Con estos datos, se cerró un aumento salarial que en promedio se acercó a los $41.000 a partir de enero. Para este 2021, los acuerdos en cada una de las cadenas productivas también serán determinantes para seguir de cerca la evolución de los precios ya que se descuenta que todos los gremios intentarán negociar porcentajes ubicados por encima de la inflación.

Se trata de una encrucijada, porque los salarios quedaron rezagados y para provocar una reactivación de la economía habrá que ser muy preciso en la sintonía fina para que eso no genere un nivel descontrolado de inflación. Las paritarias, con impacto en el costo de mano de obra y los aumentos de precio en insumos clave para la producción, como por ejemplo el gasoil, son simplemente el punto de partida para actualizar las estructuras de costos que deberán recalcularse en todas las economías regionales del país, algo que por ahora es demasiado complejo porque mientras se definen expectativas, no hay estabilidad en el valor de los insumos.

Panorama común

No importa en qué cadena productiva se haga la pregunta: todos confirman aumentos de costos, vinculados a paritarias, combustible y por supuesto a cuestiones intrínsecas de cada rubro según la actividad que se releve.

Uno de los tantísimos casos que se verás en las próximas semanas será el de la yerba mate, que discutirá el valor de la materia prima que pagarán los secaderos. Lo que los productores plantean es que será muy difícil discutir un aumento en el precio de la hoja si no se sabe a ciencia cierta cuáles serán los incrementos para los próximos meses. Sin estabilidad, al pactar un precio fijo el que pierde es el eslabón más débil de la cadena, el que no podrá trasladar la suba de costos como sí lo harán el resto de los eslabones de la industria, el comercio y la distribución, entonces perderá el productor -lo que a largo plazo provoca salida del negocio, reconversión o menor producción de materia prima- y ganarán quienes “sólo trasladan” los incrementos a la góndola.

Alejandro Pannunzio, empresario del sector agrícola y dirigente rural, resume la mirada de miles de productores al asegurar que “los costos de producción aumentan por la inflación cotidiana que se genera por la emisión monetaria sin respaldo”. Precisó que “la intervención estatal no provocará una baja de precios, eso ocurrirá cuando aumente la oferta de bienes. Al productor y a toda la comunidad le ayudaría mucho que la inflación baje, pero como la inflación genera mayor recaudación a los gobiernos, les es muy difícil lograrlo”.

La discusión de los salarios y la posibilidad de que los mismos se adecuen a los actuales precios de los alimentos es uno de los objetivos que el gobierno tiene en agenda para resolver. El desafío es lograrlo pero potenciando la productividad, es decir aumentando la generación de riqueza, evitando esos daños colaterales que año tras año frenan el desarrollo y engrosan la lista de cuentas pendientes de la Argentina.

Dejá tu comentario