4 de marzo 2008 - 00:00

Al amparo de interna oficial nace supergremio de energía

Julio De Vido
Julio De Vido
Los cuatro sindicatos más importantes que tienen directa relación con la prestación de energía comenzaron negociaciones para conformar una central gremial que los convierta en actores principales de una de las actividades clave para la economía local y que se ha transformado en el principal dolor de cabeza de Cristina de Kirchner: Oscar Mangone, de Gas Natural, fue el anfitrión de un encuentro que reunió en su gremio a Oscar Lezcano, de Luz y Fuerza; Antonio Cassia, de SUPE (petroleros estatales -ex YPF), y Guillermo Pereyra (Petroleros Privados en Río Negro y Neuquén), cuyo objetivo final es el armado de una Confederación de Sindicatos de Energía.

Los cuatro se han fijado como meta que la nueva central sindical actúe de manera autónoma y equidistante de los distintos grupos que se enfrentan y neutralizan en la CGT, pero al mismo tiempo pretenden incidir en el negocio hidrocarburífero e hidroeléctrico del país. En la pelea interna del gabinete, se referencian en Julio De Vido y, al menos Pereyra, mantiene una fuerte inquina contra Carlos Tomada por la toma de posición que hizo el ministro de Trabajo a favor de sus rivales de la Federación Sindical Petrolera, Rubén Ferreira y Alberto Roberti, a quienes acusa de no tener afiliados y estar amparados por Tomada sólo por la antigua relación profesional del ministro con ese nucleamiento.

Como primera visión, el grupo tiene claro que Cristina de Kirchner -a quien los gremios patagónicos apoyaron sin disimulo durante la campaña presidencial, lo que les permite a varios de ellos tener franqueo asegurado tanto para Olivos como para Puerto Madero-no ahorrará esfuerzos para iniciar las obras que se reclaman para normalizar la prestación energética del país, un empeño que ya compromete a los gobernadores patagónicos, alineados sin titubeos en la constelacióndel planeta K. Tanto en Santa Cruz como en Neuquén, ambos mandatarios -Daniel Peralta y Jorge Sapag- avanzan con la construcción -más adelantado el primero que el segundo por el tapón que le significó a la provincia el enfrentamiento entre su antecesor Jorge Sobisch y Néstor Kirchner- de cuatro grandes centrales: Cóndor Cliff y La Barrancosa en territorio santacruceño y Chihuidos I y Chihuidos II, en el neuquino. Para dar una idea de la magnitud de los emprendimientos, el costo total supera los u$s 1.000 millones. Pero, además, ambos territorios quieren sumarse al negocio petrolero porque -junto con Chubut- almacenan más de 80 por ciento de las reservas de crudo y de gas que existen en el país. En este terreno se mueve con facilidad el neuquino Pereyra, quien lidera el denominado Bloque de Sindicatos Petroleros de la Patagonia y que es un aliado de Sapag en primer grado, aunque recientemente comenzó a ser coqueteado por Peralta de la mano de Enrique Eskenazi, el nuevo socio kirchnerista de YPF. La mención no es casual porque Pereyra suele ser privilegiado interlocutor de Antoni Brufau, el CEO de Repsol cada vez que el español viene a la Argentina y porque la ex petrolera de bandera intenta desplazar de los negocios de la Patagonia a los brasileños de Petrobras, a quienes el gobiernono les perdona «su falta de solidaridad» con el gas boliviano.

La figura ideada por el sindicalista patagónico es la de asociación entre las provincias, a través de empresas del Estado, YPF y la nacional ENARSA, proyecto al que ya ha adherido el neuquino Sapag, cuya fragilidad financiera -la provincia tiene una deuda de corto plazo de 560 millones heredada de su antecesor Sobisch- no le permite sumarse a la iniciativa de su par chubutense Mario Das Neves de comprar acciones de YPF. Este gobernador acaba de verse bendecido por el descubrimiento de nuevos pozos petrolíferos y de haber recibido suculentas regalías por la renegociación de los contratos petroleros con Pan American Energy (PAE) y de la inglesa British Petroleum. Con este cuadro de situación y la aparición de nuevos yacimientos de gas en Neuquén en arenas compactas, cuya explotación podría abastecer la demanda nacional si el gobierno accede a pagar un costo mayor que 1,30 que se les reconoce hoy a las empresas por cada millón de BTU -inferior en casi 50% al que se le compra a Bolivia-, Mangoni, Lezcano, Pereyra y Casia han iniciado un camino que los convierta en factores decisivos del negocio energético del país, fundamentalmente a partir de las nuevas centrales hidroeléctricas y de la renegociación de las áreas petroleras.

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