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21 de agosto 2007 - 00:00

Alerta por instrumentos de destrucción masiva

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Pocas dudas quedan de que el epicentro de esta convulsión en los mercados de valoresy de crédito del mundo fue consecuencia del «default hipotecario» de los préstamos de baja calidad o «subprime» en los EE.UU. Pero la mayor dificultad para analizar el futuro es que resulta muy difícil de prever cómo se transmitirá esta especie de tsunami financiero en la economía mundial y en la Argentina, donde por ahora sólo se observó una fuerte caída de los precios de las acciones y los bonos, y una suba en las tasas de interés interbancarias y en la cotización del dólar.

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En ese sentido, uno de los aspectos que hay que considerar es que los nuevos instrumentos financieros que aparecieron con la burbuja hipotecaria se transformaron hoy en una especie de herramienta de destrucción masiva del sistema financiero. Entre estos elementos se pueden destacar los CDO (Collateralized Debt Obligations). Tanto los bancos, fondos de inversión, de pensiones, de cobertura o «hedge funds» y compañías de seguro, no sólo en los EE.UU. sino también del resto del mundo, compraron durante el boom hipotecario esos bonos por los altos rendimientos que generaban. En cambio, ahora la mayoría decidió desprenderse masivamente de ellos: éste es el agujero negro que no se puede resolver por el momento mas allá de la fuerte inyección de liquidez de los principales bancos centrales del mundo.

Una gran parte de los analistas coincide en afirmar que el elemento transmisor de este terremoto fue la titularización de las hipotecas o de los créditos de baja calidad. Este mecanismo es utilizado por las instituciones financieras para que los préstamos otorgados no figuren en sus balances, trasladando esos préstamos a un fondo que está separado del banco. Posteriormente, ese fondo emitió títulos cuyos cupones debían cobrar los accionistas que habían invertido en el fondo que recibía los pagos por los intereses que habían generado esos préstamos o hipotecas de baja calidad.

Hace unos años, el financista Warren Buffet definió a estos instrumentos como «armas de destrucción financiera masiva», y vaya si tenía razón. Lamentablemente esto es lo que ocurrió ya que como consecuencia de la caída en el valor de las propiedades, el crédito solicitado supera en hasta tres veces el valor de la vivienda. Por consiguiente, los que tomaron esos créditos prefieren que las instituciones ejecuten esas hipotecas y quienes compraron los títulos CDO de baja calidad de repago en el pasado decidieron ahora venderlos.

Esto indica que la inestabilidad que envuelvea los mercados de crédito del mundo y a las Bolsas tiene varias causas: a) la caída en el precio de las viviendas compradas a través de hipotecas de baja calidad o «subprime» que concedieron las instituciones en los Estados Unidos durante los dos o tres últimos años; y b) la utilización de los derivados de crédito como los CDO, cuyo precio hoy no está definido.

  • Alternativas

    Estos instrumentos (CDO) no tienen una cotización oficial porque habían sido valorizados por sus sociedades gerentes a través de sofisticados cálculos financieros propios de cada entidad. Es aquí donde aparece el problema que hoy es difícil de medir en términos económicos: los inversores asustados se quieren retirar del fondo, como ocurrió recientemente, por lo tanto deben vender los CDO y nadie quiere comprarlos.

    Es así que la institución financiera está ante dos alternativas: evitar el retiro ofreciendo mayor rentabilidad futura al inversor inyectando más dinero o liquidar el fondo y reconocer pérdidas enormes.

    Todo esto implica que se hace muy difícil para el tenedor final del bono identificar la capacidad de pago del titular de la hipoteca (el propietario de la vivienda), y determinar el valor de la garantía de la propiedad. Por esos motivos los tenedores de esos títulos ahora se dan cuenta de que el valor de su inversión depende de la capacidad de pago de numerosos propietarios de viviendas de los EE.UU., como también de la caída de los precios en el mercado inmobiliario.

    Por ahora es difícil predecir si esta especie de «default hipotecario» terminará por desestabilizar definitivamente las Bolsas y la economía mundial. Hasta hace unas tres semanas las convulsiones en los mercados de crédito habían tenido un alcance bastante limitado.

    Sin embargo, ahora el fenómeno se extendió a otros sectores del sistema financiero como el bursátil y todavía no se sabe hacia dónde más llegarán los efectos de esta crisis.
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