Ambición de Kirchner: punto medio entre congelamiento y racionalidad
Néstor Kirchner ayer en Brasilia señaló que su receta para combatir la inflación es un punto intermedio entre congelar precios y la ortodoxia. A esta última la concibe erróneamente sólo como subir las tasas para que el país deje de crecer. No es eso lo que señala la racionalidad económica, menos cuando el crédito que aunque viene creciendo está todavía en bajos niveles. Por lo tanto, subir las tasas no tendría ningún impacto importante en la economía. Sí lo tendría el dejar de sostener al dólar artificialmente o frenar la expansión del gasto público, políticas que recomienda la ortodoxia y que aplican países serios preocupados por el alza de precios. Pero la sola mención de la palabra «congelamiento» en boca del Presidente es de una inusitada gravedad. Lo es porque muchos ven esa arma populista de no solucionar nada y crear siempre «mercados negros» -paralelos, abundantes y para privilegiados al lado de pocos y escasos productos a «precio fijo»- como una alternativa, si este gobierno -que es populista pero de izquierda- se desilusiona de sus actuales «pactos» y «acuerdos» de precios. Al visitar hace pocos días el país, una de las preguntas en diálogos del vicecanciller norteamericano, Thomas Shannon, con ministros fue «si es posible que la Argentina llegue a implantar congelamiento de precios». Es lógico: un país que tiene gobiernos capaces de llegar a este barbarismo elemental en la conducción económica ahuyenta inversiones y alarma a las que ya están radicadas, porque es un decreto disponiendo que determinados empresarios privados pierdan plata vendiendo a menor costo. No invertir, a su vez, significa imposibilidad de aumentar la producción y ante gran demanda se crea inflación frente a lo cual el gobierno piensa en «congelamiento», un círculo vicioso difícil de entender para todos a nivel de graduar sus palabras.
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El presidente Néstor Kirchner habló de «término medio» en su política para frenar la inflación durante su visita a Brasil, donde está acompañado por los ministros Felisa Miceli y Ginés González García.
• Tenemos que encontrar un funcionamiento racional de todas las variables de la economía. Pero a veces algunos dicen una cosa adentro y otra afuera (en referencia al supuesto pedido de tregua salarial a la CGT que los empresarios de la UIA le habrían solicitado a la ministra de Economía, Felisa Miceli).
• Los acuerdos de precios están funcionando muy bien y salvo los de esparcimiento, todos los precios están registrando bajas. Los precios más importantes de la canasta básica están bajando. El rubro esparcimiento está subiendo por una cuestión estacional, y también hay abusos.
• Si Uruguay quiere un tratado de libre comercio con Estados Unidos, que lo haga. No queremos ser gendarmes de nadie. Si Uruguay puede hacer un buen acuerdo con Estados Unidos, no se lo podemos impedir; eso sería atroz.
• La Argentina y Brasil están peleando para salir de una crisis económica muy profunda, y si no tienen los elementos para ayudar a Uruguay no pueden impedirle hacer un buen negocio. Esto lo hablé con Lula y estuvo de acuerdo.
• Si Brasil, que es el más grande, y la Argentina, que es el segundo, no pueden cumplir con el papel que desempeñó Alemania en la Unión Europea, tenemos que ser más flexibles. Encontrar el equilibrio es muy difícil, este tipo de cosas pasan en Europa aún con la práctica que tienen de integración.
• El presidente de Brasil destacó en su discurso el tema de la coordinación del pago de la deuda al FMI. Eso que se discutió tanto lo dijo él bien clarito.
• La idea es que el 31 de enero se firme la Cláusula de Adaptación Competitiva (CAC). Es muy importante, es un salto cualitativo y un logro para nuestros países.
• La integración de las economías no es fácil, pero políticamente estamos bien. Consideramos que Lula es importante para la conducción de América del Sur. No interferimos en la situación interna de Brasil, pero Lula es importante para el continente.




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