El decreto de dolarización y control de fondos se decidió en una reunión secretísima que hubo el miércoles en el ministerio y a la que fueron Cavallo, Felipe Murolo, Roque Maccarone, Daniel Marx, Mario Blejer, Horacio Liendo y dos invitados del ministro: Ricardo Gutiérrez y Juan Llach. El motivo fue tener un mapa de la salida de depósitos que a esa altura era devastadora. Maccarone lo confirmó con datos de ese día que recogió de una ronda telefónica con gerentes de los grandes bancos. Cavallo, por su lado, venía con el mensaje de los titulares de los bancos de que había que tomar alguna medida para frenar la salida porque la consecuencia era quedarse sin fondos en 48 horas.
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El decreto lo terminó redactando, como siempre, Liendo, que fue quien habló entre miércoles y jueves con los banqueros para que no quedase ninguna de sus aspiraciones afuera. Dejó sus señas de identidad en el artículo final: «el presente Decreto es de orden público» dice. Es la apelación a un artículo del Código Civil que dice que las resoluciones «de orden público» están amparadas por el estado de emergencia (que este gobierno tiene declarado ya por ley) y por lo tanto no pueden ser resistidas con demandas ante los tribunales. Es la forma de evitar la catarata de juicios y amparos que poblarán desde hoy los juzgados de todo el país.
El gobierno necesitaba esperar al viernes no sólo por la necesidad clásica de un fin de semana para comunicar decisiones sin mercados en funcionamiento. También porque ese día terminaba el período ordinario de sesiones del Congreso. El decreto sería de Necesidad y Urgencia, es decir con peso de ley y sólo volteable por otra ley del Congreso. Pero como no hay sesiones ordinarias ya, el tratamiento de esa eventualidad sólo sería posible si el propio firmante, Fernando de la Rúa, incluyera el proyecto de revisión en el decreto de convocatoria a sesiones extraordinarias. Ahora el Congreso no tiene posibilidades hasta el 1 de marzo de tratar un rechazo de la medida.
El viernes, cuando este diario adelantó las medidas en la nota de tapa, el borrador estaba casi listo y el gobierno decidió ponerlo en funcionamiento aprovechando el fin de semana. Cavallo le llevó a media tarde el texto a De la Rúa y a Colombo. Cuando salió se fue a Economía adonde había citado a un grupo de directores del Banco Central encabezados por Maccarone. «No hay nada decidido, pero la gente tiene que estar tranquila porque todo lo que hagamos será para preservar los ahorros y la convertibilidad, para preservar el uno a uno», dijo para despistar el ministro cerca de las 20:00 del viernes, la misma hora cuando la página «www.ambitoweb.com» confirmaba la salida inminente del decreto.
• Copia
Cavallo le dio a Maccarone y a los hombres del Central una copia del borrador y en presencia de Liendo y Marx tuvieron una discusión sobre la responsabilidad de cada poder en las medidas. El ministro dijo que la única necesidad a la que debía atender el gobierno era en ese momento frenar la salida de los depósitos de los bancos. Maccarone dijo que no convenía comprometer al Banco Central en la comunicación de las medidas, una forma de sostener en público la independencia de la entidad. Pidió que le dejasen decir, si se lo preguntaban, que no tenía nada que ver con el armado de las medidas. Cavallo le pidió que saliera a negar el rumor de que habría feriado bancario hoy y mañana. Esta versión fue la que difundieron en la mañana del viernes las radios y desató los nervios en el mercado ese día.
En esas reuniones también se decidió el corte de los $ 250 semanales por cada cuenta para disponer en efectivo. El cálculo fue que hay en el país 4 millones de cajas de ahorro abiertas. Si en un sólo día cada titular sacase, teóricamente, $ 1.000, la salida de depósitos sería devastadora. Con el monto decidido, en el peor de los casos, se dijo esa tarde, el sistema ganaría tiempo para amortiguar el primer efecto y buscar alguna tranquilidad que, en el mejor de los casos, detenga la salida de depósitos.
En la noche del viernes el decreto lo corrigieron funcionarios en tres sedes del gobierno: en Economía por Cavallo, Liendo, Jorge Baldrich y Daniel Marx (uno de los principales inspiradores de estas medidas). En el Banco Central Maccarone dejó una copia para el análisis del resto del directorio, pero se fue a su casa, para evitar que le pidieran explicaciones incómodas. Sólo les repitió a sus colaboradores que se trataba de un proyecto del Poder Ejecutivo que no ha salido del Central. En Casa de Gobierno Chrystian Colombo y funcionarios de la Presidencia hacían consultas por teléfono con banqueros y agregaban detalles al borrador que preparó en la mañana del sábado Virgilio Loiácono, secretario Legal y Técnico que se encargó ese día en Olivos de citar a los ministros del gabinete a que firmasen el decreto.
De la Rúa fue el último en firmar el decreto que Loiácono se llevó a la Casa de Gobierno a protocolizarlo, es decir a ponerle número y anotarlo en el registro para legalizar su vigencia. Esto era importante porque la vigencia de la norma era desde el sábado 1 y no desde el lunes, cuando sale el Boletín Oficial.
Después de responder a las preguntas de los periodistas Cavallo se fue a su despacho y se dedicó durante casi dos horas a hablar con gobernadores de todos los partidos y con algunos funcionarios como Ramón Puerta, a quien sorprendió cuando presidía en su casa de Apóstoles, Misiones, un asado de festejo de su asunción como presidente del Senado. En esos diálogos casi en simultánea y usando a la vez varios teléfonos Cavallo explicó sumariamente las medidas y le pasaba el tubo después a Horacio Liendo para completar las explicaciones. A todos les reclamaron una dirección de e-mail.
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