ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

2 de abril 2008 - 00:00

Autismo europeo: ¿habrá estanflación?

ver más
Desde el inicio de la actual crisis, en agosto de 2007, al «estallar» en EE.UU. el problema de la incobrabilidad de las hipotecas de alto riesgo, la Fed ha actuado correctamente en tiempo y forma.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Su primera reacción fue la adecuada: de inmediato comenzó a bajar su tasa de referencia -por aquel entonces en el nivel de 5,25%- y a inyectar liquidez. En esta primera etapa de la crisis, las autoridades monetarias de los países centrales apoyaron a la Fed, coordinando con dicha institución el suministro de efectivo en sus respectivos mercados. Sin embargo -y en este caso en forma contraria a la decisión de la autoridad monetaria norteamericana-, sus «colegas» no modificaron sus por entonces políticas neutras, manteniendo constantes sus respectivas tasas de referencia.

La segunda etapa de la crisis fue la aparición de la inevitable restricción crediticia o «credit crunch» que lógicamente, y en resguardo de su liquidez, comenzaron a implementar a nivel mundial las entidades financieras. A este respecto, es bien conocido que la gravedad de este tipo de política radica en que -al contraer en forma brusca la oferta de crédito- la misma indefectiblemente conduce a un proceso de desaceleración del nivel de actividad.

Este estadio de la crisis, es decir combinación de «credit crunch» y simultánea caída en el ritmo de crecimiento, tiene como característica esencial que -de no ser detenida a tiempo-puede dar lugar a la tan temida recesión (dos o más trimestres consecutivos de crecimiento negativo). Partiendo de esta premisa, la Fed no sólo continuó inyectando la liquidez necesaria como para atemperar la magnitud del «credit crunch» sino que, además, comenzó una agresiva política monetaria expansiva con el claro propósito de evitar la recesión. En consecuencia, rápidamente, comenzó a profundizar y acelerar la baja de su tasa de referencia, llevándola de su nivel anterior de 5,25% al actual de 2,25%.

  • Nueva etapa

  • Una vez iniciada la inevitable desaceleración, y a medida que se fueron conociendo las pérdidas de las entidades financieras generadas por la incobrabilidad de las hipotecas de alto riesgo, se llegó a una nueva etapa del proceso: la desconfianza de los inversores en la solvencia de las entidades financieras. En este caso, es imprescindible actuar de inmediato... acudiendo al salvataje de la primera entidad que aparezca con problemas; caso contrario, de allí a una corrida general contra el sistema, hay un solo paso. Una vez más, la Fed reaccionó correctamente: ante los graves inconvenientes que enfrentaba el broker Bear Stearns, y en el transcurso de sólo un fin de semana, rescató a la entidad facilitando la compra de la misma por parte de JP Morgan.

    Del análisis anterior se desprende que, actualmente, EE.UU. enfrenta una grave crisis que se manifiesta a través de cuatro frentes simultáneos: alta incobrabilidad de las hipotecas de alto riesgo, restricción crediticia, desaceleración del nivel de actividad (¿o recesión?) y temor de los inversores por la solvencia de las entidades financieras. Como se ha visto, la Fed ha atacado los problemas en cuestión sin perder tiempo y aplicando, además, las estrategias adecuadas a la magnitud de la crisis: inyección de liquidez, política monetaria expansiva (baja de tasas), rescate de entidades, etc.

    A este respecto su mensaje ha sido muy claro: se tomarán todas las medidas que sean necesarias para evitar o mitigar la recesión, aun a costa de que las mismas (sobre todo la inyección de liquidez y la baja de tasas) provoquen un incremento de las presiones inflacionarias en el corto plazo.

    A esta altura de los acontecimientos, la pregunta clave es: ¿podrá EE.UU., por sí solo, resolver esta crisis? La gravedad actual de la misma, así como también su rápido contagio a nivel mundial, indican claramente que una estrategia aislada no será suficiente. ¿Cómo han actuado, en este sentido, el resto de los países con peso en la economía global? Lamentablemente, por lo menos hasta la fecha, los mismos no han coordinado sus políticas monetarias con la Fed, a cargo de Ben Bernanke. En efecto, y en una actitud que podríamos calificar de «autista», la gran mayoría de los países centrales han privilegiado el control de la inflación por sobre el combate a la desaceleración del nivel de actividad, manteniendo constantes sus tasas de referencia.

  • Ejemplo

    En este sentido, quizás, el ejemplo más representativo ha sido el Banco Central Europeo, el cual -a pesar de las presiones de algunos de sus países miembros- no ha modificado un ápice aún su política monetaria neutra; esto es: ha mantenido, desde el inicio de la crisis, su tasa de referencia constante en el nivel de 4%.

    Sin embargo, los países en cuestión debieran hacer exactamente lo contrario: acompañar las políticas expansivas de EE.UU. mediante, al menos, una suave y gradual reducción de sus tasas. Caso contrario, es posible que no sólo no eviten la inflación sino que, además, caigan en una recesión. La «stagflation» no sería, por cierto, una situación ideal...
  • Últimas noticias

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar

    Otras noticias