6 de abril 2001 - 00:00

Avatares

Luego de su fallida incursión por el Ministerio de Economía, Ricardo López Murphy volvió a la vida pública desde su profesión de economista. Ayer llegó temprano al Salón Bosch del Banco Central para seguir las alternativas del debate sobre la convertibilidad en el cumpleaños número 10 del uno a uno entre el peso y el dólar. La gran pregunta era saber cuál iba a ser la actitud de sus compañeros de profesión, luego de su gira por el Palacio de Hacienda. En general fue de aprobación, con muchos abrazos de compasión y hasta algún clima a pésame.

Igualmente, Miguel Angel Broda le pasó la factura al antecesor de Domingo Cavallo: «Hace 15 días sentíamos mucha admiración por FIEL, y miren lo que pasó»; en la propia cara de López Murphy que sólo atinó a entrecerrar los ojos ante el reto. «No se pueden incorporar reformas casi dictatorialmente. Hay que consensuarlas. Nosotros estábamos consensuando presupuestos base cero en escuelas del interior, estábamos trabajando en reformas en la educación y esto atrasó todo», completó Broda, sin recordar que en su momento ni siquiera se animó a aceptar la conducción de Economía luego de la renuncia de Domingo Cavallo.

La presencia del ex secretario de Hacienda, Daniel Artana, fue tomada en broma por algunos de sus colegas. «Lleguen temprano, miren que va a hablar 15 minutos y no va a poder seguir hablando porque lo hacen renunciar del estrado.» Igualmente Artana no tuvo que soportar sofocones como el que Broda le dio a su ex jefe. De todas maneras, hubo algunas palabras de recordación hacia López Murphy, con cierta nostalgia. «Hace dos semanas, Ricardo López Murphy nos dijo la verdad... y era gravísima. Yo en ese momento, le dije: 'Viejo, con $ 2.000 millones de ajuste no hacemos nada... no alcanza'. Todavía los argentinos estamos abrumados por las palabras de López Murphy en su discurso. ¿Y qué hicimos? Lo sacamos a los dos días y pusimos a alguien que asumió, no por sus medidas, sino por sus promesas... y todavía estamos esperando. Porque Cavallo subió sin un plan», reflexionaba un apesadumbrado Carlos Rodríguez.


La vehemencia de Carlos Rodríguez, apelando constantemente a las metáforas humorísticas, y de Miguel Angel Broda, irónico y con cara de serio, hicieron abandonar en algún momento la compostura clásica de Ricardo Arriazu. Al terminar la mesa que compartió con el hombre del CEMA y Broda, el economista se sinceró: «Vine pensando todo el viaje de qué forma elegante podía dejar clara mi opinión sobre la canasta de monedas. Pero he quedado impresionado por cómo mis compañeros hablaron sobre el tema... y bueno, la verdad es que a mí la canasta de monedas me parece un verdadero disparate».

En general, Miguel Angel Broda fue muy crítico ayer contra Domingo Cavallo y los problemas fiscales de la Argentina. O por lo menos tuvo miedo de haberlo sido. Después de su tiempo pautado, permaneció algo pensativo, quizá reflexionando sobre la importancia de sus palabras en los mercados modernos. Así, al terminar el bloque en el que participó, pidió un minuto adicional para alivianar la presión sobre el ministro de Economía. Luego de dibujar en su mente algún tipo de salida, eligió una metáfora marítima: «Cavallo logró un apoyo político muy importante para liderar un barco que estaba a la deriva; y aunque no nos guste el ancla, es algo».

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