Wall Street espera la definición electoral en un oleaje creciente

Economía

Lo que antes metía miedo ahora es nutritivo. La Bolsa sube y se arrima a los récords; los aportes de campaña que recibe Biden ya superan a los de Trump.

La ola demócrata se perfila nítida. Y Wall Street ya se acomodó y comenzó a surfearla con gusto. A dos semanas del día de la elección, o mejor dicho, del cierre de la votación, el martes 3 de noviembre, el demócrata Joe Biden asoma en la cresta de todos los sondeos de opinión y los libros de apuestas. Está de racha. El segundo debate de los candidatos se reemplazó por presentaciones individuales en sendos ayuntamientos, y también se impuso en la medición del rating. Nada está definido aún, aunque las encuestas vaticinen un barrido demócrata que les daría el control de la Casa Blanca y ambas Cámaras del Congreso. No obstante, lo que antes metía miedo ahora es nutritivo. Así son los mercados alcistas, rápidos en treparse a la nueva ola. La Bolsa sube y se arrima a los récords; los aportes de campaña que recibe Biden ya superan a los de Trump; y Jamie Dimon, el mandamás del banco JPMorgan, declaró su convicción de que el ex-senador de Delaware, un estado muy pro-negocios como todos saben, será capaz de solucionar los problemas de larga data de los EE.UU. La mar no está serena, pero el negocio es serenarse y disfrutar.

Anestesiada de momento la incertidumbre electoral, existe una segunda ola, la del covid-19, que cobra altura, no negocia con nadie, y podría romper de lleno contra la calle antes de que se perciba el alivio de un escrutinio en paz. En el mundo se registraron 400 mil nuevos casos el viernes, un récord diario flamante. La cuarentena 2.0 ya se impuso en Israel y en áreas crecientes de Europa, incluyendo capitales como Madrid, París y Londres. Entre los contagiados VIP, esta semana, se cuentan los primeros ministros de Bélgica y de Austria. La enfermedad y el encierro (no tan estricto como la versión original) le pasaron factura a las Bolsas del Viejo Continente. En EE.UU. la marea crece veloz. El “pico” de nuevos casos -el viernes desbordaron los 69 mil- es la mitad de los que registró Europa. Pero el rumbo es el mismo. Diez estados, por caso, establecieron nuevos máximos de contagios diarios. Es de esperar que la marea azul de los demócratas y la roja del virus se descuelguen juntas en un par de semanas. Trump había pensado en una vacuna para ofrecerles a los votantes, pero debió tachar la doble generala. El laboratorio Pfizer avisó que no hay manera de cumplir con la fecha prometida. Por fortuna, mermó la letalidad de la infección, y la sociedad es más estoica. Después de sentir el aguijón de las encuestas, la Casa Blanca quiso compensar con un paquete fiscal extra. Go big or go home, vamos grande o vamos a casa, sentenció Trump. Pero tampoco lo conseguirá. Sus senadores no lo apoyan. Y la estratega de la oposición, Nancy Pelosi, tejió una telaraña traicionera que no se pudo perforar, y transitarla es una trampa. Por suerte, la economía resistirá (hasta la elección) aunque pierda el aliento. Las ventas minoristas de septiembre (el consumo es el talón de Aquiles que se quiere proteger con un refuerzo fiscal) alcanzaron un umbral récord creciendo al ritmo más intenso de los últimos tres meses. Sin embargo, la producción industrial cayó con fuerza. Teniendo en cuenta que las compañías tienen bajísimos inventarios es una luz amarilla que inquieta. Es verdad que si Biden triunfa, traerá un paquete fiscal de 2,2 billones de dólares bajo el brazo, y si se produce la ola azul, lo aprobaría sin grandes podas. Claro que el mandato comienza recién el 20 de enero, y un interregno de discordia podría resultar la clave de un parate, y del consecuente sobresalto.

Wall Street sabe lo que le espera. Basta leer en el New York Post los mails secretos de Hunter Biden, uno de los hijos del exvicepresidente, para refrescar la historia de cómo presuntamente traficaba su influencia en Ucrania, y así entender que la campaña no terminó. Recordar 2016, los mails y el FBI tiñeron de dramatismo la antesala de la definición. Que Twitter haya bloqueado (temporariamente) el mensaje ad hoc del presidente avivó la repercusión. Breitbart News, por su parte, informa de las inversiones del yerno de Biden en compañías chinas, otro de los tópicos que Trump machaca. No hay problema con una pelea feroz antes del 3 de noviembre. Distinto será si prosigue después sin final a la vista. El gusto de Wall Street es nada ideológico. Que gane cualquiera, pero rápido.

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