La imagen del desánimo resultaba el recinto de la víspera, viéndose rodeado de malas señales (como la marca del riesgo-país y el nivel de las tasas), falto de tomadores, carente de órdenes de importancia, y especialmente con el desconcierto de todos. Una postal otras veces vista, lamentablemente, pero que ahora se hace más impresionante porque del bolsón de expectativas de inicios de mes pasado casi nada queda.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La caída de la recaudación sumaba otro tanto en contra, pero con ese dato se podía extender a los balances empresarios terminados en marzo la idea de estructuras crujientes y ganancias en dispersión.
Sigue resultando un buen andar el bursátil, si se toman en cuenta las condiciones del entorno, aunque parezca lo contrario y muchos se quejen del nivel del Merval.
Sin horizonte
Un parabrisas totalmente empañado, una visibilidad muy reducida por neblinas generales, el mercado es un vehículo que trata de mantener el volante derecho sin saber hacía dónde va, qué curva le espera, y rogando por un camino recto que lo mantenga en el asfalto. Combustible escaso, piso resbaladizo por demás, cubiertas gastadas de tantos frenazos. Los que están al volante van a operar casi por el placer del juego en sí mismo, pero los ratios básicos para evaluar están todos en suspenso mientras el Merval todavía se sostiene positivo anual.
Dejá tu comentario