Bonistas amenazan frenar la oferta. Mercados no les creen
Ayer, en Washington, el principal grupo de acreedores exigió un pago en efectivo de u$s 5.000 millones para aceptar oferta. Amenazan con trabar en la Justicia de EE.UU. la operación. Se sumó a ese Comité Global de Acreedores una asociación de ahorristas argentinos. Unidos, buscan ejercer más presión. El mercado ignoró por completo estos movimientos. Apuestan al éxito de la propuesta. Hubo récords en títulos como BODEN. Están ingresando u$s 35 millones diarios. Dólar cayó a $ 2,99.
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El argumento es sólo una prueba del odio acumulado hacia el gobierno argentino entre los acreedores que, no obstante, reconocen en privado que les será difícil frenar el proceso actual de reestructuración.
La desconfianza que tienen hacia el país llegó ayer al punto que Nicola Stock, alertó a los bonistas presentes y miembros de todas las asociaciones de acreedores sobre la presencia de periodistas argentinosen la sala: «Tengan presente que todo lo que hablemos llegará a oídos del gobierno en Buenos Aires», alertó. Junto a él se sentaron Hans Humes (Argentina Bonholders Committee), Dan Celentano (Senior Managing director de Bear Stearn), Makoto Aratake (Bank of Tokyo-Mitsubishi) y Horacio Vázquez (Asociación de Damnificados por la Pesificación y el Default).
• Objetivo
Esa animadversión a la prensa continuó durante las entrevistas: los bonistas están convencidos de que los medios argentinos no reflejan la realidad y son funcionales a las presiones de Lavagna para no sentarse a negociar.
«Nuestro objetivo es conseguir que el mundo se enfoque a analizar que el país sí puede afrontar sus obligaciones sin perder la chance de seguir creciendo», dijeron. A partir de allí las discusiones sobre el verdadero volumen del superávit fiscal y los números que muestra el Ministerio de Economía en Buenos Aires ganaron toda la atención.
El primer dato que llamó la atención en la reunión fue la cantidad de bonistas presentes, que contrastó con la sensación de resignación que mostraban los banqueros ante el proceso de reestructuración de la deuda durante la Asamblea Anual del FMI que terminó el domingo, del que sólo esperaban conocer el grado de aceptación por parte de los acreedores, pero sin ninguna esperanza de mejora. El salón del elegante St. Regis estaba repleto, al punto que se agotaron los prospectos preparados para los bonistas.




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