Si bien aún restan conocerse los datos del último cuatrimestre de 2025 en EEUU, el consenso de los expertos es que la economía fue más resiliente de lo esperado. Para este año, los mismos factores detrás de ese crecimiento, como el auge de la IA o el recorte de tasas de la Reserva Federal (Fed), mantendrán su papel protagónico, motorizando a la actividad. Sin embargo, las mismas preocupaciones también subsistirán: el miedo a una burbuja especulativa en el sector tecnológico, la inflación y un mercado de trabajo debilitado.
Boom económico traccionado por la IA, pero con más desigualdad: las expectativas para EEUU en 2026
Hay otros factores que también podrían impulsar a la economía norteamericana: recortes de tasas de la Fed, baja de impuestos y menos tensiones comerciales. Sin embargo, existen algunas dificultades en el horizonte.
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Se esperan nuevos recortes de tasas por parte de la Fed para este año.
Desde Oxford Economics se mostraron confiados en que "el excepcionalismo económico de EEUU no terminará en 2026". De hecho, afirmaron que "el crecimiento del PBI superará el consenso". En este sentido, afirmaron que "es poco probable que la economía estadounidense se vea afectada sustancialmente" por la aplicación de los aranceles comerciales que ocurrió a lo largo de 2025. "Debería seguir funcionando con fuerza, dado el contexto de flexibilización fiscal y crecimiento sólido de los ingresos reales de los hogares", afirmaron.
Los analistas de Goldman Sachs llegaron a una conclusión similar, con un crecimiento del PBI para EEUU estimado en 2,6% para este año. Entre los motivos, citaron "los recortes de impuestos, las condiciones financieras más fáciles y la reducción de los aranceles sobre la economía".
Y ahondaron: "Como resultado de los recortes de impuestos, por ejemplo, los consumidores recibirán alrededor de u$s100.000 millones adicionales (0,4% de la renta disponible anual) en reembolsos de impuestos en el primer semestre del próximo año". Esperan que esa bonanza económica "se concentre en el primer semestre de 2026", impulsada también por la reapertura del gobierno de EEUU tras el "shutdown" más largo de la historia.
El boom de la IA
En sus proyecciones para este año, desde BlackRock afirmaron que "es probable que la IA siga sobrepasando a los aranceles y a los factores macroeconómicos tradicionales, como lo ha hecho en 2025". De hecho, hicieron particular énfasis en el potencial disruptivo de la inteligencia artificial.
"Durante los últimos 150 años, el crecimiento de EEUU se ha mantenido notablemente cerca de una tendencia del 2%, incluso con las revoluciones tecnológicas pasadas", sostuvieron. Sin embargo, plantearon de que "es concebible que la aceleración de la innovación impulsada por la IA pueda impulsar el crecimiento por encima de esa tendencia".
De todas maneras, advirtieron que "absorber ese gasto de capital requerirá grandes ajustes macroeconómicos, lo que desplazará otros gastos no relacionados con la IA en la economía y podría resultar en una inflación mucho mayor".
En consonancia, los expertos de Oxford argumentaron que "es probable que la trayectoria futura del gasto de capital relacionado con la IA sea volátil". Por un lado, esperan que "la inversión en tecnología digital como porcentaje del PBI se mantendrá estable el próximo año, aunque en un máximo histórico". Sin embargo, deslizaron la posibilidad de que "la inversión tecnológica podría sorprender al alza".
Y desarrollaron: "La comparación de la longevidad de los ciclos de inversión actual y de la década de 1990 sugiere que es posible un nuevo período de crecimiento superior al previsto. Si las grandes empresas tecnológicas cumplieran con sus planes de gasto actuales para 2026, esto probablemente se traduciría en un mayor rendimiento general de la inversión tecnológica".
Por su parte, desde Goldman Sachs se mostraron más escépticos: "El impacto de la IA en el empleo y la productividad se ha limitado hasta ahora principalmente al sector tecnológico. Nuestros economistas prevén que los mayores beneficios de la IA en términos de productividad aún estarán a algunos años de distancia".
Tasas e inflación
Desde BlackRock afirmaron que "este estancamiento de 'no contratar, no despedir' (en el mercado laboral) da margen a la Reserva Federal para seguir recortando los tipos de interés en 2026. Sin embargo, la inflación podría mantenerse por encima del objetivo del 2% de la Fed". En este sentido, "cualquier repunte en la confianza empresarial y la contratación podría reavivar la inflación, reanimar las tensiones políticas con la sostenibilidad de la deuda".
Goldman Sachs fue más optimista, ya que según sus economistas, la principal razón por la que la inflación se mantuvo elevada en 2025 se debe al traspaso a precios de los aranceles. Sin ese elemento, estiman que "la inflación ha seguido disminuyendo y se sitúa actualmente en el 2,3%".
"Aunque es probable que el traslado a precios aumente ligeramente aún más (suponiendo que los aranceles se mantengan en torno a sus niveles actuales), el impacto en la inflación interanual disminuirá drásticamente en el segundo semestre de 2026 debido a los llamados efectos de base favorables", afirmaron. Por ese motivo, "existe el potencial de que la Fed recorte las tasas más de lo esperado".
La desigualdad creciente y el riesgo de una burbuja
Con un tono un poco más cauteloso, el economista del Grupo ING, James Knightley, planteó la creciente desigualdad en la economía norteamericana: "El 20% superior de los hogares medidos por ingresos continúan gastando con fuerza, impulsado por su alto poder adquisitivo y el aumento desmesurado de la riqueza, mientras que el 60% inferior se encuentra en una situación muy difícil debido a la preocupación por la seguridad laboral y la posibilidad de subidas de precios inducidas por los aranceles".
Se trata de una situación que también notó en el mundo empresarial: "Por cuarto trimestre consecutivo, la inversión en capital empresarial, fuera del sector tecnológico, se ha contraído, lo que representa un desempeño propio de una recesión. Sin embargo, la inversión en informática y software ha aumentado un 18% interanual, lo que significa que la inversión en capital empresarial en general sigue aumentando".
De todas maneras, el economista de ING no consideró que el fuerte gasto de los hogares y la inversión empresarial fuera a frenarse este año: "¿Qué podría cambiar eso? Bueno, lo más probable sería una fluctuación del mercado bursátil que afecte gravemente el valor de las acciones tecnológicas".
Por un lado, eso "probablemente conduciría a un endurecimiento de las condiciones crediticias, lo que podría reducir el gasto de capital y perjudicar a los hogares de altos ingresos mediante efectos negativos sobre la riqueza".
Y concluyó: "Recordemos que los datos de la Fed muestran que el 20% superior de los hogares estadounidenses en términos de ingresos posee el 70% de la riqueza del país y, en este momento, ese tipo de golpe financiero sería el evento con más probabilidades de conducir a un cambio en sus patrones de gasto".





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