Toallas y medias sí; línea blanca (lavarropas, heladeras, etc.), electrodomésticos, calzado y otros ítem, no. Así podría resumirse el acuerdo anunciado el viernes por el ministro de Economía, Roberto Lavagna, con el gobierno de Brasil, por el cual los industriales textiles de ese país aceptaron «autolimitar» el exponencial crecimiento de sus exportaciones hacia la Argentina.
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Y si bien no puede negarse la importancia de proteger a un importante sector de la economía de importaciones a precios de «dumping», tampoco puede dejarse de lado que otras industrias vienen peleando contra un enemigo similar, sin haber logrado -al menos hasta ahora- un resultado tan favorable como los textiles.
Los líos por la industria textil entre la Argentina y Brasil, que parecen estar en vías de solucionarse, se remontan al menos a una década. Así lo aseguran quienes vienen pataleando por las sucesivas «invasiones» de prendas y telas que llegan desde el país vecino.
• Protección
Previsiblemente, los industriales argentinos de ese sector -en relación con el «logro» de Lavagna- dijeron ayer en un comunicado que «el acuerdo bilateral de comercio con Brasil refleja el interés del gobierno nacional por proteger a la industria textil argentina de la invasión de productos brasileños que hemos venido sufriendo y denunciando en los últimos tiempos». Quien hace estas afirmaciones tan caras a los oídos de la Casa Rosada es Aldo Karagozian, titular de la Fundación Pro Tejer, que intenta agrupar a toda la «cadena de valor» industrial textil. La entidad reclamó ya desde el año pasado (cuando fue creada, justamente por iniciativa de Karagozian, de TN & Platex, una de las mayores hilanderías del país) que se considerara a la actividad como «estratégica» para la recuperación económica.
El comunicado de la víspera recuerda que las «asimetrías» que provocan el tamaño del sector brasileño en relación con el local venían produciéndose «desde hace 10 años».
• Autolimitación
El acuerdo del viernes establece que los industriales brasileños limiten el ingreso de productos propios a la Argentina, ante la evidencia de que entre 2001 y 2003 las importaciones desde ese país se incrementaron casi 60%. La explicación que dan los textiles argentinos cada vez que alguien acepta escucharlos es que «la economía brasileña es ocho veces más grande que la nuestra; cuando pasan por una recesión, tratan de colocar sus excendentes afuera, y el mercado más obvio (por cercanía, por el acuerdo comercial, por aceptación) es el nuestro. Y con exportarnos apenas 10% de su producción, nos destruyen, porque es el equivalente a todo nuestro mercado». El acuerdo firmado el viernes, cabe recordarlo, elimina las licencias no automáticas a 95% de los productos, recorta 25% los envíos de telas de jean, que se extiende a 28% para las acrílicas (en este caso, además, las ventas se regirán por los precios internacionales para evitar la aplicación de valores de «dumping»).
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