Washington (EFE, AFP) --Los asesores del presidente GeorgeW. Bush comenzaron a preocuparse por la repercusión que podría tener el estancamiento de la economía de los Estados Unidos en las posibilidades del Partido Republicano en los comicios del año próximo para renovar la Cámara baja y, eventualmente después, en la reelección presidencial.
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Los republicanos quieren evitar la experiencia de Bush padre, quien perdió en 1992 ante Bill Clinton por una aparente falta de reacción para atender una economía que mostraba signos de debilidad. Para ello, presionan al presidente para que se involucre de lleno en la solución de aspectos preocupantes, tales como el deterioro del nivel de empleo -en agosto se ubicó en 4,9%, el más alto de los últimos cuatro años-y su impacto en el consumo.
En noviembre del año que viene, se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes, en una elección clave para la gobernabilidad y para el avance de reformas importantes, entre ellas, la creación del bloque comercial del continente americano.
Según publicó ayer «The Washington Post», una docena de destacados políticos republicanos con llegada directa a la Casa Blanca le pidió a Bush que cambie su estrategia de dedicarse a otros temas domésticos e incluso internacionales, para abocarse a la economía.
El mensaje fue claro: si el presidente no cambia su estrategia y no adopta pasos concretos para reavivar la economía, corre el riesgo de repetir los errores cometidos por el gobierno de su padre George Bush (1989-1993).
Respaldo
Al respecto, el líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Dick Armey, de Texas, indicó que Bush espera que la reducción impositiva de 1,35 billón de dólares estimule la debilitada economía nacional. Armey manifestó que el mandatario respalda también una reducción impositiva a las ganancias del capital.
Los pronósticos económicos pesimistas se acrecentaron a fines de la semana pasada, cuando se conocieron los datos del nivel de empleo, con una pérdida en agosto de 113.000 puestos. «Las cifras quiebran la esperanza de una reactivación e indican que los dirigimos hacia una ralentización severa de la actividad», consideró Robert Scott, economista del Instituto de Políticas Económicas, una consultora privada de Washington.
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