El precio de la carne sigue aumentando en los mostradores, según denuncian las asociaciones de consumidores y puede confirmar cada uno de los argentinos. Sin embargo, la hacienda en pie, que se destina a la faena para el consumo interno, cayó entre 3% y 10% la semana pasada en el mercado concentrador de Liniers. Esto implicaría un traslado, que aunque no suele ser lineal, debería mostrarse en las góndolas esta semana. Por su parte, la oferta comercializada en la plaza de concentración cayó 22,3% la semana anterior, desplomando las expectativas previstas para este mercado.
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La mayor presión del consumo se concentra sobre la categoría de vaquillonas que reemplaza en cuanto a peso a los prohibidos terneros, los preferidos por consumidores de las grandes ciudades por su terneza. Las vaquillonas acumulan una suba de entre 20% y 30% durante el último mes, ante la mayor demanda de los carniceros apenas el gobierno prohibió la faena de animales menores a 300 kilos y pese a la confirmación, luego de varias marchas y contramarchas de la Secretaría de Agricultura que dirige Miguel Campos, de que dicha prohibición regiría, escalonadamente, hasta febrero, donde deberán faenarse animales de kilajes superiores. En consecuencia, las vaquillonas son las que menos reacomodamiento bajista mostraron durante los últimos cinco días de operaciones.
El recalentamiento del precio de la carne, que se inició con la prohibición del gobierno sobre la faena, lo que recortó la oferta disponible de vacunos, se acentuó luego con los brotes en aftosa en Brasil que plantean un escenario internacional de más demanda para la carne local. A ello se sumaron cuestiones que distorsionan y contradicen el fluir de los mercados e impide a los ganaderos tener la previsibilidad necesaria como para encarar su negocio.
La empresa ganadera y frigorífica tuvo, durante los últimos dos meses, varios cambios en las reglas del juego» que terminan afectando el negocio: además de las prohibiciones, hubo eliminación de los reintegros a la exportación y subas en los derechos de exportación, dos medidas que desalientan las ventas externas. Pero como los envíos externos llegan, en el mejor de los casos, a totalizar 20% de la producción de carne local, ambas medidas no tendrían, en definitiva, demasiada incidencia sobre los precios que se forman para el consumo interno. En este mercado se vuelca 80% de la carne argentina y el consumo por persona casi llega a 75 kilos por habitante/ año.
Los analistas no prevén bajas en los precios en las carnicerías y góndolas porque comienza diciembre, un mes habitualmente de mucha demanda por despedidas de fin de año y fiestas. Además, se estima que con los adelantamientos de aguinaldos, cobros extraordinarios en algunas actividades y mayor dinero circulando, la carne vacuna seguirá como uno de los alimentos más demandados hasta finales de 2005. Las carnes sustitutas (pollos, cerdos) aún no repuntan en el consumo, por precios comparativamente mayores.