20 de junio 2001 - 00:00

Cavallo: "Este gobierno ya bajó el gasto público"

Cavallo: Este gobierno ya bajó el gasto público
Asegurando que la convertibilidad está garantizada con la inclusión del euro y llamando a la voluntad de los argentinos para que se conviertan en sus voceros con «buena onda», Domingo Cavallo defendió ayer su nuevo plan de medidas para intentar salir de la recesión y maquillar la convertibilidad.

El evento elegido fue a la mañana una reunión ante más de 500 empresarios, banqueros, funcionarios y economistas en el auditorio principal del primer piso del Banco Nación; un lugar que a esta altura es un clásico de los mensajes cavallistas para reactivar la economía. Esta fue la segunda vez en la nueva gestión del ministro en que elige este ámbito para defender sus proyectos. Antes fueron las explicaciones del impuesto al cheque y los planes reactivantes.

Ayer fue la necesidad de llamar a los mercados a una rein-terpretación sobre la creación de la «convergencia» que hace abandonar el uno a uno entre el peso y el dólar, por lo menos para el comercio exterior. Más concretamente, la mayor parte del mensaje fue un llamado casi desesperado a los argentinos a que no interpreten esta medida como una salida de la convertibilidad y una devaluación encubierta, tal como unánimemente se tomó fuera del país.

• Puntualidad

Cavallo cruzó la Plaza de Mayo y llegó puntualmente al Banco Nación a las 11. Tomó el ascensor presidencial de la entidad hasta el primer piso y, en un pequeño salón frente al principal donde hablaría, terminó de preparar sus palabras y la escenografía que lo acompañaría. «Vamos a estar sólo Bastos y yo adelante, y el resto del equipo que se ubique alrededor», ordenó a sus colaboradores.

«Ya está lleno»
, gritó uno de sus secretarios, aludiendo a que el auditorio principal ya tenía sus asientos colmados y que las cámaras de televisión ya estaban instaladas. A las 11.20 Cavallo cruzó el breve pasillo y subió rápidamente las escaleras hasta el escenario principal y, sin mayores presentaciones, comenzó a hablar.

Como introducción general al discurso de algo más de una hora y media (1.10 hora él y 20 minutos Bastos), reconoció que se hacía necesaria una segunda vuelta de explicaciones sobre las medidas que lanzó el viernes de la semana pasada. A sólo minutos de comenzar a hablar, el ministro se convirtió en el de siempre. Subió el tono de los decibeles clásicos de sus mensajes, identificó un par de víctimas para sus ataques y repasó una a una las medidas reactivantes.

Llegando a las cuestiones técnicas, aseguró que «el gobierno va a respetar la convertibilidad», pero criticó a los que no interpretan bien la verdadera esencia de esa ley. Dijo que la única manera de comprender la convertibilidad «es la libertad de elección de la moneda» y no «la dependencia del dólar y de su inestabilidad». Allí aparecieron sus primeras víctimas. Sin nombrarlas aludió a Pedro Pou y a Carlos Menem responsabilizándolos por la depresión económica al haber entendido la convertibilidad como la «dolarización». Más tranquilo y mirando al horizonte, dijo que la introducción del euro «es la respuesta natural».

Inmediatamente, aparecieron las segundas víctimas. En este caso fueron los economistas argentinos que «no entendieron» la nueva convertibilidad, ya que «son simplificadores que nunca tuvieron experiencia práctica y se dedican a proponer recetas mágicas todos los días por radio» con «medidas espectaculares que son mentiras» y que «sólo se dedican a hablar y seguir engañando a los inversores». Bajando unos decibeles el tono, completó sus críticas a sus colegas: «Ni siquiera se tomaron la molestia de leer detenidamente las medidas».

El motivo particular de la embestida quedó claro después. La crítica era por los reclamos de bajar el gasto público.
«Este gobierno ya los bajó», dijo Cavallo, «en u$s 3.000 millones durante 2000 y este año lo hará en más de u$s 2.000».

Dejó de lado a los economistas y volvió entonces a Menem al recordar que «en la última década el gasto aumentó en forma grosera».

Cavallo retornó luego sobre sí mismo y, rememorando un libro suyo de fines de los '80, prometió
«volver a crecer» porque ahora «hay un ingrediente reactivador» en relación directa con sus planes reactivantes sectoriales y los anuncios del viernes pasado.

Llamado

Ya entrando en la última parte del discurso, Cavallo se concentró en la audiencia de empresarios y expuso su llamado para que los 500 concurrentes al Nación se conviertan en sus «embajadores de buena voluntad» para que en el exterior se modifique la mala imagen que dejó la creación del empalme para el comercio exterior. «Quiero terminar con una exhortación.

Así como en los '90 los argentinos entendimos la convertibilidad y fuimos la admiración del mundo y reconocidos en todo el universo, ahora los argentinos deben ser los encargados de transmitir los logros de su economía», fue el primer llamado solidario del ministro a los empresarios. «Ahora tenemos que ser los únicos que entendemos la competitividad y después, cuando ya estemos creciendo y saliendo de la recesión, nos entenderán en el exterior.» Puso luego de ejemplo a Brasil y a sus empresarios «que siempre, pase lo que pase, transmiten buenas ondas y voluntad de crecer».

Finalmente, y luego de una explicación del ministro de Infraestructura, Carlos Bastos, Cavallo protagonizó sus últimos cinco minutos de discurso y los utilizó para defender a las compañías españolas atacadas por la situación de Aerolíneas Argentinas. En uno de los momentos más importantes y serenos de la jornada, Cavallo dijo que «el estancamiento nos llevó a la locura de ver a las empresas extranjeras que invirtieron y apostaron por la Argentina como indeseables.

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