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10 de octubre 2008 - 00:00

Cerca del rebote, lejos de la suba

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Prácticamente se puede decir que se perdió una década de Bolsa ya que el Dow y el S&P500 se negocian en valores similares a los de 10 años atrás (esto es nada si lo comparamos con las acciones de GM, en el valor más bajo de 58 años). Podría pensarse que entonces es una buena oportunidad para comprar acciones. No sabemos si es así. Lo que sí sabemos es que la coyuntura es distinta. En aquel entonces el escenario era de una economía expansiva, en tanto hoy es contractiva (por decir lo menos). Para apreciar qué es lo que estamos viviendo basta recordar que en la peor semana del crac de 1929 el Dow retrocedió 8,2% y durante el crac de 1987 la baja fue de 13%. Lo cedido en las últimas cuatro ruedas fue 8,3%. En octubre de 1929 el Dow perdió 20%, en octubre de 1987, 23%, y en lo que va del corriente mes 21%. Más allá de estas similitudes (habrá que ver qué pasa hoy), este desplome se diferencia de los dos anteriores porque, aunque usted no lo crea, es "ordenado". De hecho lo que tenemos es una seguidilla de bajas que no alcanzó hasta ahora para disparar los "circuit breakers" (suspensión de la operatoria ante mermas mayores a 10%) ni fue seguida por las típicas recuperaciones que continúan a las bajas importantes.

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Esto no quiere decir que -tal vez- 7,33% que perdió ayer el Dow al cerrar en 8.579,19 puntos, no haya sido "exagerado". Es que en la primera media hora de operaciones las blue chips trepaban algo más de 2% ("bueno", apenas: el prenuncio de ganancias de IBM, la baja de la tasa overnight y el discutible avance del Tesoro sobre la banca privada), treinta minutos más tarde entraban en territorio perdedor (los papeles financieros de ganar 4% pasaron a retroceder 3% -las tasas a 3 meses estaban en el máximo del año y el spread OIS alcanzaba un récord histórico-) pero sin superar -2% hasta las tres de la tarde. A partir de ahí sobrevino la debacle cuando una calificadora le rebajó la deuda de GM (¿abandonará el Dow tras 83 años?). Al final fue tal el desánimo que nadie quiso dar el tradicional martillazo final que marca (legalmente) el fin de las operaciones.

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