Sin saber exactamente dónde podrían caer al día siguiente los precios y el volumen, la semana se cerró el viernes con un broche digno de tanta inestabilidad. Generando solamente 450 millones de efectivo para las acciones y deparando en el índice Merval una diferencia negativa de 1 por ciento. Con ello, la semana transcurrió casi como en blanco para la estadística, nada más que 0,6% por encima del viernes anterior. Dejando otra vez en posición debilitada a los principales papeles, como Grupo Galicia y Acíndar, la suerte del indicador ponderado se vio mellada por un flaco andar de quienes participan de modo definitorio dentro de él.
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El viernes volvió a colocar en escena a gobernantes y a empresarios separados por un mismo motivo -los salarios- y con la palabra presidencial yendo a resultar sumamente agresiva, secundada por una aparición sindical -vía CGT- que se sumó a la crítica sobre la patronal. Un mal momento para abrir nuevamente una brecha, inyectando incertidumbres y temores, en vez de despejar el panorama.
No es posible saber si el mercado bursátil lo sintió, reflejando en su caída de indicadores la desazón, porque, como todo lo previo ya era una secuencia de tropezones permanentes, la última rueda quedó, simplemente, como un eslabón más. Concluir en los $ 50 millones magros, con una plaza decreciendo en precios, resultó la imagen de la varadura.
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