Cinismo norteamericano en última visita a Kirchner

Economía

La audiencia de empresarios, políticos y diplomáticos que convocó el viernes la delegación de EE.UU. que visitó el país salió confundida de ese encuentro. Sí les quedó claro que los estadounidenses pecaron por exceso en sus alabanzas a la política de derechos humanos de Néstor Kirchner. A la Argentina sólo le reconocieron dos méritos: salir de la dictadura y abrir los mercados, dos acciones que no puede adjudicarse este gobierno. Por si fuera poco, los malentendidos recientes fueron minimizados, mientras se alababa la excelente relación con Brasil, no se sabe si por desconocimiento -estaban en la Argentina- o por cinismo.

El salón central del prestigioso Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales estaba a «full». Salvo su presidente vitalicio, Carlos Manuel Muñiz (por consejo médico), y su secretario general, Felipe de la Balze (ausente sin aviso), estaban todos los que debían estar para escuchar al subsecretario de Estado de los Estados Unidos, Nicholas Burns, de visita en la Argentina. Llegó tarde a la cita, pero nadie se quejó. Se disculpó por la demora y se comprende, su reunión en la Casa Rosada con Alberto Fernández, a la que se agregó el Presidente, se prolongó por demás.

Burns estuvo una hora en el fabuloso piso de la calle Uruguay que «Carlos» (Muñiz, se entiende) supo decorar con la distinción que lo caracteriza, y el funcionario norteamericano lo entendió así. Al llegar hizo dos cosas: primero firmó el «celebrity book» y luego se sacó una foto con Jorge Argüello, que estabaemocionado como si fuera un «groopie». Al entrar al salón de actos, lo esperaban el ex canciller Adalberto Rodríguez Giavarini y el «blue book» de la dirigencia argentina. Entre tantos, la otrora «militante» Patricia Bullrich y su esposo, «el mediador de corazones destrozados» Guillermo Yanko.

Como era de esperar, no podían faltar los ex embajadores en Washington Lucio García del Solar (con el Proceso militar y Alfonsín), Eduardo Amadeo (durante tres meses) y el ex también «militante» Diego Ramiro Guelar. Para no ser menos, los radicales también llevaron a dos ex «militantes» de la Coordinadora, es decir, Jesús Rodríguez y Marcelo Stubrin. Entre diplomáticos, empresarios y señoras de las vernissages se hallaban: «Lily» Selecki (suegra del cónsul Héctor Timerman); Armando Ribas; «Willy» Stanley; Raúl Fiscalini; Vicente Espeche Gil; Carlos Ortiz de Rozas; Rafael Martínez Raymonda (a quien felicitaban por ser bisabuelo); Fernando Guerrero, de Nextel; y Hernán Manzini Ezcurra, en otros tiempos integrante de la embajada argentina en Washington, y próximo embajador en Suecia.

Burns, por las dudas, no llegó solo. Lo hizo acompañado por el secretario adjunto de Asuntos Latinoamericanos, Tom Shannon, de sorprendente parecido con John Conlee, un cantante country, creador del inolvidable «Busted». Sin entrar al salón, como queriendo tomarse un respiro, se lo vio a William Mc Ilhenny, un cercano colaborador de «Condi» Rice. Después de una protocolar introducción del ex canciller Rodríguez Giavarini, Nicholas Burns hizo un corto prólogo, en el que, como no podía ser de otra manera, ponderó al embajador estadounidense, Anthony «Tony» Wayne, porque «está haciendo un buen trabajo tratando de unir a la Argentina y los EE.UU. y superar los malentendidos que hubo en el pasado... pero (recalcó) eso es el pasado». La verdad, nadie se sorprendió cuando dijo que «las relaciones con Brasil son muy buenas y van a mejorar más todavía con el viaje del presidente Bush» (a Brasil, se comprende). Luego llegó la hora de las ponderaciones, cuando dijo que su país tiene «muchas similitudes» con la Argentina. Entre otras, «la independencia... salimos de ser colonia; la libertad de religiones» porque «aceptan gente de diferentes naciones, razas y religiones». Claro, no hubo ninguna referencia a la muralla que se está levantando entre México y Estados Unidos. Luego pasó a la situación de Medio Oriente, afirmando que «podemos crear un modelo que sirva de ejemplo para Medio Oriente, que parece tan problemático («troubled») en estos días... ellos carecen de la fortaleza de nuestras sociedades» (la argentina y la americana).

  • Cambios

    Burns, un «baby face», crecido en Massachusetts y con destinos de primera línea dentro de «Foggy Botton» -los sarcásticos la llaman la «línea Revlon»-, se tomó un respiro y dijo que en la Argentina hubo «dos cambios importantes que fueron salir de la dictadura a la democracia y abrir los mercados». A renglón seguido, ponderó al país por «hacer justicia sobre los crímenes del pasado (no especificó de qué bando), y eso es muy importante. Recuerdo cuando siendo estudiante observaba la tragedia que pasaba en la Argentina durante los 70 y los 80». «Admiramos a su gobierno por defender los derechos de sus víctimas y también los apoyamos en esto.» Claro, nadie le explicó que el «terrorismo de Estado» salvó a la Argentina de convertirse en un satélite de la Unión Soviética, China comunista, Vietnam o Cuba. No era la ocasión; los presentes con sus más y con sus menos sufrieron el drama de esos tiempos como para hacer disquisiciones. No era el momento. Quedó claro que Nicholas Burns ignora la letra grande y la chica del pasado argentino. No entró en FOIA, el salón de lectura de Internet del Departamento de Estado, donde se revelan los documentos desclasificados de la embajada que presidían los embajadores Castro y Schlaudeman. De la cárcel en la base de Guantánamo y de Irak no dijo ni «mu». Sin recordar que a su lado estaba el sucesor de Otto Reich (señalado como el inspirador del golpe contra Hugo Chávez), dijo con firmeza que «hay que defender la democracia en América latina». «Con Cuba no hay trato porque no hay democracia» y predijo que « habrá democracia en el futuro... eso esperamos y también esperamos que haya una transición en paz».

    Muchos diplomáticos trabajan tanto en el exterior que finalmente se olvidan de dónde provienen. Aquí no saben dónde queda, por ejemplo, Raco ( lugar de tradicionales familias tucumanas) o Puerto Punta Quilla; y «Nick» Burns nunca estuvo en «Billy Bob's», en Fort Worth, Texas, donde se respira el pensamiento mayoritario del norteamericano (que reeligió a George W. Bush). Afirmó, como si los presentes no leyeran los diarios ni supieran lo que piensan sus jefes inmediatos, Condoleezza Rice y John Negroponte: «Sabemos que con Venezuela tienen (los argentinos) una relación cercana... nuestra relación no es tan buena. Igual nosotros tratamos de no focalizar en Chávez, sino en los otros países amigos. Esperamos que la democracia sea defendida en Venezuela».

    A continuación llegó el tiempo de las preguntas. Ninguno de los presentes se atrevió a hacer un paréntesis a sus afirmaciones, nadie recordó el pasado argentino. Un ex funcionario de la Secretaría General de la Presidencia de Jorge Rafael Videla le preguntó qué pasará con el comercio internacional, a lo cual Burns respondió que la India y China son un gran ejemplo de lo que ellos aconsejan. Con el único que tuvo un reconocimiento público fue con el general Julio Hang, cuando le hizo una pregunta sobre la cuestión militar. Al responder, le agradeció su «permanente amistad con mi país». Otro, con cara de inquisidor,preguntó en un mal inglés:«Se sabe que estuvieron con (el Presidente) Kirchner y Alberto Fernández. ¿Se habló de Venezuela?». Burns lo miró y le dijo: «Dejaremos en privado la conversación... tuvimos una muy buena charla con ellos».

    Con respecto a las trabas a los capitales norteamericanos con interés en invertir en el mercado eléctrico, el alto dignatario de Condoleezza Rice comentó que «debe de haber existido un malentendido, ya que seguimos apoyando a las empresas (estadounidenses) para que inviertan en la Argentina.» Y aquí sí, aunque muchos no la escucharon, se elevó la voz de Charles Edgard Berry, más conocido como «Chuck», quien en 1956, año en que nació el disertante, Nicholas Burns, escribió una canción muy cara a la memoria de la sociedad norteamericana titulada «Too much monkey business». Uno de sus párrafos dice: «Too much monkey business, too much monkey business. To much monkey business for me to be involved». (Traducido: «Negocios irrealizables como para verme envuelto en ellos».) Nicholas Burns es un diplomático, no un empresario. No sabe nada (o parece ignorarlo) del retiro de empresas norteamericanas del mercado argentino. Desde las ligadas al mercado energético hasta la banca. Ellos saben quién es Chuck Berry. Está claro que Burns no.
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