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Hugo Chávez
«La Nación»
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín»
Más apocalíptico que todos sus colegas -aún más que Mariano Grondona, que es decir algo- el columnista del monopolio cree que sólo un milagro puede salvar al gobierno de la crisis con el campo. Ocurriría si el Congreso esta semana encuentra una martingala que satisfaga las demandas de los productores, pero a la vez resguarde algo del poder del gobierno para seguir lo que resta del mandato de Cristina de Kirchner sin tribulaciones.
El protagonismo de Néstor Kirchner, imagina Van der Kooy, ha crecido a la vez que la crisis se profundizó; falta saber qué ha sido primero. No hay dudas sobre el efecto que ha tenido: gobernadores como Juan Schiaretti y Daniel Scioli han reaccionado de distinta manera ante esa marea. El primero tomó la máxima distancia de los Kirchner; el segundo se ha ocupado de transmitir el malestar de los intendentes de Buenos Aires por una falta de solución que redunda en mayor agresividad de los vecinos hacia ellos.
Lo único con que cuenta el gobierno es con pobres triunfos pasajeros: el éxito de Alberto Fernández en desplazar, aunque fuera por un rato, de la escena a Luis D'Elía; las fracturas que comienzan a verse entre las entidades del campo, que no parecen en condiciones de volver a acordar un paro por unanimidad.
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación»
No le deja el profesor muchas chances a Cristina de Kirchner de salir de la crisis en la que metió a su gobierno. La acusa de « arrogancia discursiva» y de no entender que los cacerolazos no sólo le piden que modifique las medidas hacia el campo, sino que cambie el rumbo de su gobierno. «Lo que están pidiendo no es cambiarla», dice en tono perdonavidas.
No cree Grondona que sean posibles esos cambios porque los Kirchner, imagina, tienen un formato ideológico que se los impide. Son, dice, «neomontoneros» y condenan todo lo que ha pasado en el país hasta 2003 y en esa arrogancia que los caracteriza han dicho que sus gobiernos han sido los mejores de la historia del país.
Aunque no cree que le hagan mucho caso, el columnista les acerca una receta para redistribuir mejor el ingreso; en vez que sacarles plata a los ricos para dársela a los pobres, ¿por qué no dejar que los ricos ganen plata y que paguen altos impuestos para destinar esas rentas a los pobres?
Seguramente que la redistribución de la riqueza es un emprendimiento mucho más complejo de lo que el gobierno, y el profesor, creen. Si fuera posible hacerlo como dicen, estaría resuelto aquí y en todo el mundo, en donde es tan difícil como en la Argentina encontrar un distribución más igualitaria de la riqueza.
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12»
Las columnas de este periodista asesor que eran trágicas siempre, se repiten ahora como comedia. Como si no tuviera más que decir sobre lo que pasa en el país, regala a sus lectores una parodia de análisis político imitando el léxico y los argumentos de los contradictores del gobierno que se empeñó hasta ahora en defender. Quiso seguramente ilustrar la hipótesis presidencial de que en la Argentina no hay ningún problema y que todo se reduce a una cuestión de relato; que la crisis del campo y sus consecuencias son una patraña urdida por la prensa, vaya a saber por qué motivo.
El recurso a la ironía es para grandes plumas. Escribir «a la manera de» es un viejo recurso literario, casi un género, que practicó con fineza en la Argentina, entre otros, Conrado Nalé Roxlo, que publicó una «Antología apócrifa» (1943) en la que incluyó poemas escritos a la manera de otros autores. Verbitsky no es Nalé Roxlo, pero la columna de ayer se puede anotar en el género del «periodismo apócrifo».




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