18 de diciembre 2000 - 00:00

"Comienza una nueva etapa tras un año muy difícil" , según De la Rúa

"Estamos iniciando una nueva etapa, luego de dejar atrás un año muy difícil." Impávido a pesar del sol que le pegaba en la cara, Fernando de la Rúa presentó ayer el blindaje tal como se lo aconsejaron sus asesores de imagen: no como el último recurso antes del default sino como una prueba de la confianza de los mercados internacionales «en la Argentina, en las medidas tomadas hasta ahora y en la calidad de su pueblo».

El bucólico encanto de los jardines de Olivos, con sus especies aladas y su acogedora arboleda, parecía el escenario menos apropiado para los anuncios de ayer, una colección de áridas cifras, términos tan poco emparentados con lo agreste como «desembolsos», «necesidades de financiamiento», o «canje de deuda de corto por deuda de largo».

Y sin embargo, los asesores de comunicación del equipo económico y del Presidente eligieron el «green» de la quinta para hacer conocer la concreción del blindaje. El atril con los micrófonos fue colocado al sol, lo mismo que las sillas para los periodistas, pero éstos fueron acomodándolas a la sombra que proyectaba el ala este de la residencia presidencial.

Convocatoria

Así fue que a la hora del discurso de Fernando de la Rúa (empezó a las 16.30 en punto), sólo el jefe del Ejecutivo estaba al tórrido sol de la tarde. El resto de la acotada audiencia -los ministros Federico Storani y Adalberto Rodríguez Giavarini, la ministra Patricia Bullrich, el titular del Nación, Enrique Oli-vera, los legisladores Marcelo Stubrin, Jesús Rodríguez, Darío Alessandro, Carlos Rodil, José

María García Arecha y Juan Pablo Cafiero, el secretario de Finanzas, Daniel Marx, y el subsecretario de Financiamiento, Julio Dreizzen, más curiosos y hombres de prensa-se apiñaban al fresco.

José Luis Machinea, por su parte, aguardaba a un costado del improvisado escenario el final de las palabras de De la Rúa, como un actor que espera el pie para entrar a recitar su parlamento. Después, hubo tiempo para los abrazos entre Presidente y ministro -para la foto-y una convocatoria a que se les unieran para la posteridad Rodríguez Giavarini y Chrystian Colombo; curiosamente, el jefe de Gabinete había seguido los discursos desde el interior de la residencia, sólo se mostró al final de la ceremonia y no se sometió -como hicieron casi todos los demás-a las preguntas del periodismo.

El día había comenzado con una reunión a la que se convocó a periodistas especializados en economía; más tarde, se hizo una suerte de conciliábulo con casi todos los que luego se mostraron en el jardín, con el objeto de darles los toques finales a los anuncios -en algún caso-y de informarles de antemano los principales puntos que se harían públicos poco más tarde -en otros-.

Los protagonistas de ese «minigabinete» que se prolongó por más de una hora fueron Colombo, Machinea y Lopérfido, a quien se vio llegar a la casa principal de la quinta en uno de los carritos de golf que se usan para trasladar a invitados, seguramente parte de la pesada herencia de la administración anterior. Jorge de la Rúa también participó, y se lo vio por los pasillos leyendo algunos papeles.

Solitario

Quien «estuvo» pero «no estuvo», según un infidente que participó del «meeting» fue el frepasista Cafiero, que prefirió sentarse en solitario en uno de los sillones de la residencia, con cara de pocos amigos, expresión que conservó durante la lectura de los discursos y después también.

Marx y Dreizzen se negaron de plano, todas las veces que les preguntaron, a arriesgar cuál sería la baja esperable en las tasas de interés que deberá pagar el país de cara al blindaje; tampoco quisieron decir cuántos «basic points» podría bajar el riesgo-país después de los anuncios.
«Los mercados reaccionan despacio; nosotros nunca hablamos de tasas, pero seguramente deberán bajar», dijo Marx a este diario.

En cambio, el funcionario sí admitió que los créditos que tomará el Estado con el
Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo pagará un «commitment fee» --comi-sión de compromiso-de 0,3% a 0,5% (es la comisión que co-bran las entidades financieras por mantener disponibles los fondos de un crédito otorgado pero no utilizado).

Después, Dreizzen explicó que las necesidades de financiamiento estaban cubiertas para todo 2001, pero que el blindaje cubría vencimientos de bonos y letras que operaban hasta 2005.

La concurrencia, a esta altura, había comenzado a dispersarse; Rodríguez Giavarini «arrancó» a De la Rúa de una improvisada ronda de preguntas en el porche de la quinta, y periodistas y miembros del equipo económico corrían hacia la conferencia de prensa convocada para esa misma hora en el Palacio de Hacienda.

Aún faltaba mucho para el final de un día que en el gobierno se vivió como una jornada triunfal.

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