No pudo convencer a muchos, salvo a los alcistas a ultranza, la rueda que marcó el final de la semana. Donde se fijó una marca de negocios baja por demás, si bien resultó -en definitiva- lo más justificable. Porque la rueda estaba atrapada entre dos feriados y no dejaba mucho margen para suponer que irían a concentrarse repuntes de negocios. Pero más lejos quedaba la posibilidad de que se produjera algún tipo de rebote en precios, teniendo que lidiar con un pasado inmediato de plena endeblez y en un desarrollo que estaría inserto en un marco restringido. El Merval alcanzó una cota mínima de 1.624 puntos, tomó altura hasta los 1.545, cerrando en un nivel de 1.535 y que confirió ese rebote de 0,63% en el ponderado.
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La expresión sería que el mercado terminó exagerando, de alguna manera sobreactuando el rol que tenía asignado, ante la alineación de variables. Un repunte de 0,6%, con volumen efectivo que no llegó a los $ 44 millones, mostrando nuevamente el descalce de indicadores. No hubo oferta acosadora, pero tampoco existió un respaldo más o menos importante en la suba de precios.
La semana de cuatro ruedas abrevió parcialmente su saldo, quedando con una merma leve de 0,5 por ciento y que acompañó a los otros referentes, de también un opaco tránsito por el período. El brillo del oro hizo sonrojar a la Bolsa.
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