15 de diciembre 2005 - 00:00

Concretó Argentina encuentros de alto nivel ayer en España

Finalmente, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y la ministra Felisa Miceli se reunieron durante dos horas con el jefe de asesores económicos del gobierno español, Miguel Sebastián Gazcón. También lo hicieron con el propio ministro de Hacienda, Pedro Solbes. Las negociaciones con el Fondo Monetario fueron uno de los temas salientes y aquí los funcionarios españoles respaldaron la posición que viene sosteniendo Néstor Kirchner desde que asumió. No era de esperar que en una visita de poco más de 48 horas se solucionaran todos los puntos de conflicto que hoy existen en materia económica con España, como ser los juicios en Banco Mundial y Aerolíneas Argentinas. Para la ministra, fue una presentación en la que, por primera vez, expuso su plan de acción sobre la inflación, tema que, para sorpresa de la delegación argentina, era conocido en detalle por Solbes y Gazcón.

Felisa Miceli
Felisa Miceli
Si Felisa Miceli pretendía que la visita de poco más de 24 horas a Madrid sirviera para que la conocieran personalmente y para intercambiar algunos criterios generales sobre política económica, el objetivo de su viaje, aunque modesto, se cumplió.

Finalmente, el martes por la noche los argentinos comieron con Pedro Solbes, el ministro de Hacienda y Economía, y vicepresidente de José Luis Rodríguez Zapatero. Es decir, el hombre clave de la política económica en España. Si, en cambio, se quiere evaluar el viaje de la ministra y el jefe de Gabinete con arreglo a otras pretensiones -liquidar el conflicto del CIADI con Telefónica o mejorar de modo ostensible el vínculo con Aerolíneas Argentinas-, mejor hubiera sido que los dos funcionarios se quedaran en Buenos Aires. De hecho, con los de Telefónica no hubo siquiera una reunión más allá de los pronósticos de algún medio con enviados especiales destacados en la capital española.

Alberto Fernández y Miceli tuvieron tres entrevistas importantes en materia económica. Una fue la de Solbes, gestionada por el embajador Carlos Bettini, quien tiene con el ministro vínculos casi familiares.


La otra fue con el otro hombre de Zapatero en el seguimiento de esa disciplina: Miguel Sebastián Gazcón, el director del Departamento de Economía de La Moncloa. Hubo también un almuerzo ayer, con otras dos voces del socialismo español, la de economistas abocados a la actividad privada: Carlos Solchaga, ex ministro de Hacienda de Felipe González, y Guillermo de la Dehesa, vicepresidente de Goldman Sachs para Europa.

• Cambio

Los funcionarios de Kirchner se mostraban sorprendidos anoche, mientras esperaban la salida del vuelo desde Barajas, por la unanimidad de estos profesionales, que miran a la Argentina desde plataformas diversas y con distinto grado de responsabilidad. Si es por Miceli, le quedaron en claro algunos consejos principales. El primero: que su acceso al ministerio podría representar un cambio en el vínculo con el Fondo Monetario Internacional. Solbes, Sebastián y Solchaga, interlocutores frecuentes de Rodrigo de Rato, dijeron a su modo lo mismo en distintas ocasiones: «El Fondo ha cambiado de actitud y admite el éxito de una política económica que no fue la que sus técnicos de Washington recomendaron en un comienzo. Ustedes también pueden hacerlo. Es cierto, ellos se portaron con la Argentina con mucha dureza. Pero ustedes también dijeron lo suyo. Todo el mundo sabe de los errores del organismo con vuestro país. Ya no hace falta seguir insistiendo». Cuando se pronunciaban estas palabras, enfáticas en el caso de Solchaga, todavía no se conocían las declaraciones de Rato, ayer (ver pág. 3), diciendo que el nuevo equipo económico enfrenta desafíos distintos y un panorama más auspicioso que el de Lavagna. ¿Habrían empezado a hacer efecto estas gestiones españolas, o fue sólo un gesto amistoso hacia Miceli, con quien el ex ministro de José María Aznar había hablado la semana pasada?

Era previsible que se hablarade inflación. Sebastián y Solchaga llamaron la atención por el caudal de información que procesan. El economista de La Moncloa exhibió gráficos sobre la escalada de precios de Brasil y la que se viene registrando en la Argentina en los últimos meses. «Deberían mostrar ustedes esta comparación. De Brasil se dice, con acierto, que su economía no debe generar malas expectativas. ¿Por qué no logran ustedes que se diga lo mismo de la Argentina, con mejores números?». Parecía un consejo. O un reproche tácito hacia Roberto Lavagna, quien al cabo de tres años de incumplimientos, no tiene la mejor fama entre los españoles con intereses en la Argentina. Respecto de Brasil, la noticia de que saldaría su deuda con el Fondo llegó en plena comida con Solchaga. Se tomó como una decisión auspiciosa, más allá de que Fernández no haya podido contenerse: «En realidad, es una idea que se originó en Buenos Aires, en nuestro gobierno».

Solchaga, durante el almuerzo de ayer, habló de números con una precisión llamativa. Comparó las performances de Chile, la Argentina, Brasil y España. Habló también de la forma de contener la inflación, de que lo riesgoso es que se instale en las expectativas y desate una espiral y hasta sugirió que todavía se pueden tomar medidas monetarias y cambiarias que contengan la suba de precios sin afectar la solvencia fiscal del programa. Miceli escuchó, igual que Fernández. Pero aclararon que la gestión de Kirchner aspira a mantener el tipo de cambio nominal estable. «En términos de inflación, estamos en un margen manejable, entre 7,5 y 11%, que es la franja a la que apuntamos», dijo la ministra. La titular del Palacio de Hacienda evitó caer en particularidades. Prefirió conocer a los actores con los que tendrá que intercambiar mensajes y criterios del otro lado del océano (la comida con Solbes incluyó a todo el equipo del ministro español) y también garantizar que no habrá sobresaltos respecto de su antecesor, Lavagna. También envió mensajes alentadores para quienes quieran invertir en el país, sobre todo en turismo, construcción y producción alimenticia.

El énfasis en estos conceptos no fue siempre el mismo. Además, no se habló sólo de economía con los argentinos, ayer, en Madrid. Miceli y Fernández se entrevistaron también con Antonio Garrigues Walker. Es el presidente de la Fundación Ortega y Gasset, hijo del poeta Antonio Garrigues Díaz-Cañabate, un experto en transparencia que presidió varias organizaciones dedicadas a cuestiones de ética pública y titular de uno de los estudios jurídicos más importantes de la península. Miceli se mostró entusiasta con la perspectiva de su gestión, igual que cuando habló frente al Consejo de Cámaras de Comercio, que encabeza Javier Gómez Navarro (ex ministro de Comercio y Turismo de González), o frente al responsable de América Latina del Banco Santander Central Hispano Francisco Louzón (es el controlante del Río en la Argentina).

Dejá tu comentario

Te puede interesar