26 de febrero 2001 - 00:00

Confirmado: no harán paro de jueves y viernes

Los sindicalistas de la CGT dialoguista levantaron ya el paro del jueves y viernes. Se comprometieron a hacerlo delante de Fernando de la Rúa quien, el viernes, les pidió ese "gesto". La decisión quedó "ad referéndum" de lo que decida el consejo directivo de la central obrera, cuya reunión estaba prevista para hoy. Sin embargo, anoche aparecían algunas incertidumbres e, incluso, se hablaba de que esa sesión del consejo se pasaría para mañana. Sucede que los gremialistas se sentaron a la mesa de De la Rúa con la promesa de que, a cambio de bajar el paro, se les pagarían los $ 37 millones que reclaman por aportes que no se giraron a las obras sociales por problemas técnico-administrativos. Sin embargo, hasta anoche ese pago no se había decidido. Es cierto que Chrystian Colombo, a quien los capitostes de sindicatos consideran audaz ("capaz de mexicanearnos", señaló uno de ellos ayer), les aseguró que ya se había firmado un acta interna del gobierno dándole orden a la AFIP para que realice el pago. Pero Rodolfo Daer y los suyos igual dudan: saben que entre los funcionarios hay temor a poner la firma en una orden de pago cuya regularidad es brumosa.

Rodolfo Daer y los suyos no pueden creer lo que les sucedió. Por primera vez se sentaron a la mesa sin haber cobrado por adelantado. Desde el viernes, «los gordos» de la CGT oficialista están angustiados. Ese día concurrieron a la reunión con empresarios a la que los convocó el Presidente. Se sentaron, acordaron con el gobierno dar de baja el paro declarado para esta semana y se presentaron «por ventanilla».

Es decir: reclamaron los 37 millones de pesos a cambio de los cuales darían de baja la medida de fuerza. Pero hasta anoche no tenían noticias del dinero. Todo un inconveniente porque hoy se iba a reunir el consejo directivo a fin de abortar la huelga. Anoche buscaban postergar la asamblea para mañana, interesados en darle más tiempo al gobierno para que «cumpla».

La suma que reclaman corresponde al denominado «pozo Bidú» de las obras sociales. Son aportes realizados a esas entidades por empresas en general pequeñas y que, por algún error cometido en el proceso, no tienen identificado a su destinatario.

Es decir, no se sabe a ciencia cierta a qué obra social le corresponde. El riesgo que se corre con el reconocimiento de esta deuda es que no existe un criterio transparente para distribuir el dinero entre las diversas «cajas».

Los negociadores con el Poder Ejecutivo -Daer, Armando Cavalieri, Oscar Lescano-casi derriten sus teléfonos de tanto llamar a los miembros del gabinete pidiendo una respuesta. Es lógico, ya que en la reunión prevista para hoy (y que, como se dijo, se realizaría mañana) deben dar una satisfacción a sus colegas acerca de por qué resolvieron entregar la medida de fuerza. «¿Y la guita?», preguntarán los demás y ellos deben tener una respuesta para salir con vida de la cumbre.

Picardía

«Que le pase a Daer no nos extraña: si le damos la plata la pierde; pero madrugar al 'Gitano' (Cavalieri) o al 'Negro' (Lescano) no se le hubiera ocurrido ni a Jorge Triaca cuando era ministro de Trabajo», se asombró ayer delante de este diario un sindicalista, mientras se comía las uñas, ansioso. Después, como si hablara para sí mismo, comentó: «Ese (Chrystian) Colombo nunca me gustó; parece un 'vikingo' pero nos terminó mexicaneando». Los dirigentes del gremialismo pactista atribuyen al jefe de Gabinete la picardía de marearlos por distintas oficinas sin soltar un peso antes de que se produjera el encuentro con Fernando de la Rúa.

Durante el fin de semana, Daer fue de una a otra punta de un triángulo oficial buscando una respuesta. Patricia Bullrich, la ministra de Trabajo, le insistió: «Yo te dije que no había que vincular un tema con otro, porque todo queda como una especie de extorsión en la que perdemos gobierno y CGT». Rebotado, el sindicalista salió hacia Héctor Rodríguez, el titular de la AFIP, quien sería el encargado de pagar los $ 37 millones. Pero Rodríguez advirtió: «Yo cumplo las funciones de un tesorero. Pago si me dan la orden de pagar pero necesito esa orden». El gobierno sabía de ese problema y por eso buscó la vía del decreto. Después se anuló ese mecanismo y se pensó en una resolución.

En esos vaivenes administrativos encontró a unos y otros el viernes, día en que debía cerrarse el acuerdo con De la Rúa. Daer, rechazado por Rodríguez, terminó estacionando en lo de Colombo. Según la palabra empeñada por el jefe de Gabinete al lote de sindicalistas que concurrió a la Casa Rosada, ya se redactó un acta por la cual Rodríguez podrá girar el dinero. Sin embargo anoche todavía existían dudas sobre la seguridad jurídica de esa orden dada a la AFIP. Es lógico: los funcionarios temen que, por saciar a Patricia Bullrich Rodolfo Daer los sindicalistas, el futuro los encuentre recorriendo tribunales.

Lo cierto es que hoy Daer, Lescano y Cavalieri quieren tener el acta prometida antes de enfrentar al resto del consejo directivo de la CGT. Tampoco es seguro que con esa sola reunión se liquide el problema del paro.

Beneficio

Algunos dirigentes, sobre todo los que no están conformes con este acuerdo con el gobierno, creen que sería mejor someter la decisión a la consideración del plenario de secretarios generales, es decir, el conjunto de todos los jefes de sindicatos afiliados a la central obrera. Los que prefieren tratar el paro a libro cerrado, para anularlo, se verían beneficiados si la reunión se realiza mañana: tienen menos tiempo para convocar al plenario de secretarios generales y, por lo tanto, podrían definir sin tanto debate. A ninguno de ellos le gusta darle largas a la suspensión del paro, sobre todo cuando Hugo Moyano y Víctor De Gennaro ya se pelean por ver cuál de los dos (MTA o CTA) declara primero su propia medida de fuerza.

Mientras tanto, los gremialistas tienen pensado articular sus movimientos con los gobernadores del PJ, que se reunirán de nuevo esta semana en el Consejo Federal de Inversiones. La aproximación tiene dos objetivos. Por un lado, proponer a la CGT como instrumento electoral del gobierno. Ya se le ofreció esa herramienta a Carlos Ruckauf, quien ideó una movilización sobre Buenos Aires para el 5 o 6 de abril.

La otra aspiración de los sindicalistas -en realidad la que más los entusiasma-es la de recrear la costumbre según la cual cada provincia les ofrecía alguna banca para ocupar en el Congreso. Ayer el propio Daer pidió que, por ejemplo, Ruckauf «lleve hombres del movimiento obrero en sus listas para este año».

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