El panorama sobre la verdadera intención de Uruguay de firmar un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos es cada día más confuso. Tres ministros de Tabaré Vázquez -el de Economía, el de Turismo y el de Industria- confirmaron el proyecto y dijeron que esta negociación es lo mejor que le puede pasar a su país. Sin embargo, ayer el canciller Reinaldo Gargano desmintió cualquier iniciativa de este tipo. Otro ministro uruguayo fue más directo y dijo que «los compromisos del Mercosur no sirven para un carajo» (sic), pero rechazó cualquier integración con EE.UU. Mientras tanto, la Argentina maneja el dato de que también Paraguay tendría intenciones de avanzar en un acuerdo con EE.UU. si Uruguay tiene la misma iniciativa.
El gobierno argentino, por ahora extraoficialmente, maneja un dato preocupante sobre el futuro del Mercosur: no sólo Uruguay estaría interesado en negociar un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. Paraguay, si el intento del gobierno de Tabaré Vázquez avanza, podría seguir los mismos pasos y sumarse a la iniciativa. Si esto se concreta, sería el final de la historia de los dos Estados menores dentro del Mercosur, que sólo quedaría como una unión aduanera imperfecta entre la Argentina y Brasil, con un socio estratégico en Venezuela, y varios países asociados como Perú, Bolivia, Colombia y Chile, estatus que además asumirían Paraguay y Uruguay.
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El dato sobre la posibilidad de que el gobierno de Nicanor Duarte Frutos se sume al eventual intento de Tabaré Vázquez de avanzar con un acuerdo con Estados Unidos es manejado en silencio en los últimos días dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores que dirige Jorge Taiana, y fue mencionado en la reunión que éste mantuvo en Brasilia con su colega Celso Amorim en un momento en que los dos cancilleres debatieron sobre el futuro rol de los socios menores del bloque. Si bien no hubo acuerdo ante la posibilidad de aplicar subsidios y ayudas a los dos Estados más chicos del Mercosur, sí se llegó a dos definiciones: a) si Uruguay, o cualquier otro socio, avanza en una negociación de libre comercio, dejará de pertenecer al proyecto, y b) algo habrá que hacer para que la integración continental se convierta en algo atractivo para los dos socios menores. La posibilidad de un acercamiento político y comercial entre Paraguay y los Estados Unidos no es nueva. En octubre del año pasado, varios funcionarios del gobierno de Duarte Frutos habrían deslizado la posibilidad, luego desmentida por la ministra de Relaciones Exteriores, Leila Rachid. En noviembre las versiones fueron otras, y hablaban de la alternativa de la radicación de una base militar norteamericana cerca de Ciudad del Este, lo que también fue desmentido. En la anterior cumbre de presidentes del Mercosur de diciembre de 2005 en Montevideo, Duarte Frutos descartó la idea y dijo que el compromiso de Paraguay es con el bloque sudamericano. Sin embargo, el proyecto uruguayo estaría alterando la estrategia del país vecino.
Mientras tanto, las verdaderas intenciones de Tabaré Vázquez y sus ministros sobre las negociaciones con Estados Unidos son ahora confusas. Los titulares de Economía, Danilo Astori, de Industria, Jorge Lepra, y Héctor Lescano, de Turismo, habían declarado en los últimos días que el futuro económico y comercial de su país estaba en salirse del Mercosur y volcarse a un tratado con el gobierno de George W. Bush. Sin embargo, ayer otros dos funcionarios de Vázquez descartaron el proyecto. El canciller Reinaldo Gargano dijo prolijamente que el proyecto no está en la agenda uruguaya, y su colega de Agricultura, José Mujica, con poco ánimo amistoso, dijo que «los compromisos del Mercosur no sirven para un carajo» (sic) pero «que yo sepa, ningún gobierno nos planteó ningún tratado de libre comercio, y cuando tenemos el flor de lío del sabotaje de la temporada de turismo, nos damos el lujo frívolo de entrar en esa discusión de un futuro tratado que, en realidad, es hoy una entelequia intelectual». Mujica, ex tupamaro, declaró que hay por parte de la Argentina una «verdadera guerra de sabotaje», un juego de intereses de un país que es más que hermano, que pertenece al Mercosur» y que «Uruguay, como país, como nación, enfrenta una guerra no declarada».
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