Crisis cobra víctimas entre bancos pequeños

Economía

El club de bancos estadounidenses en problemas opera en modo de rápida conscripción de socios: la lista oficial ya suma 90 miembros. Eran 50 a fines de 2006 y 76 cuando terminó 2007. Para la corporación federal que administra la garantía de los depósitos -la FDIC-, las vicisitudes inmobiliarias y una economía debilitada atraparán en serias tribulaciones a otros potenciales candidatos antes que las condiciones repunten (según su máxima responsable, Sheila Bair) hacia fin de año.

Tres instituciones pequeñas habían quebrado en el transcurso de 2008 en los EE.UU., igualando en cinco meses el registro de todo 2007. El viernes cayó una cuarta: First Integrity Bank. Sus depósitos fueron transferidos a otro banco, y sus titulares no sufrirán mella alguna. Para el fondo de seguros, el costo será un leve rasguño: deberá aportar 2,3 millones de dólares de sus propios recursos. Ninguna entidad con accesoa la cobertura de seguro de la FDIC había caído en desgracia ni en 2006 ni en 2005.

  • Una gota

    En perspectiva, sin embargo, las citadas malas noticias son bastante buenas. Después de todo, 4 bancos fallidos y 90 en problemas son apenas una gota en el océano de 8.494 bancos comerciales y de ahorro y préstamo para la vivienda que obran bajo la jurisdicción de la FDIC. Y para alivio de los clientes del sistema financiero de los EE.UU. (que supervisa Ben Bernanke de la Fed), para aquellos no residentes, se trata de instituciones locales diminutas sin injerencia fuera de su comunidad específica. Así, los activos que manejan las firmas en situación delicada suman 26 mil millones de dólares; una molécula en un universo de 13,3 billones (millones de millones).

    No obstante, hay otras malas noticias que sí son relevantes. El declive de la rentabilidad del sistema -cortesía del temporal inmobiliario- es profundo. Las ganancias del primer trimestre cayeron de 35,6 mil millones de dólares en 2007 a 19,3 mil millones: una merma de 46%. El rendimiento sobre activos bajó de 1,20% a 0,59% y constituye el segundo registro más escuálido desde 1991. La epidemia es generalizada: la mitad de los bancos experimentó un descenso en sus utilidades. Y, si bien son las instituciones más pequeñas las que están en la picota, son las de gran tamaño las que sufren los mayores retrocesos de ganancias. En efecto, basta tomar cuatro bancos para explicar más de la mitad del traspié del conjunto.

    No sorprenderá entonces que la FDIC esté urgiendo a las entidades a reforzar su colchón de capital más allá de los mínimos requeridos debido al deterioro de la calidad de sus carteras de préstamos (que se concentra en los portafolios de activos inmobiliarios) y a su previsible inercia.

    Ya en el primer trimestre, los quebrantos netos (charge-offs) ascendieron a 19,6 mil millones de dólares (139% más que un año atrás) devorando, si se anualiza su incidencia, 0,99% de la cartera total de préstamos. Se trata del guarismo más elevado desde el cuarto trimestre de 2001, cuando la economía emergía de la última recesión. Curiosidad: la tasa de pérdidas en las instituciones más grandes (con activos superiores a mil millones de dólares) fue tres veces y media mayor que en las de pequeña envergadura.

    Las penurias, por cierto, no se agotan aquí. En la antesala previa a la declaración de un quebranto, los préstamos en situación irregular (con atrasos de 90 días o más) se multiplican como peces en el agua. Tras crecer en 27 mil millones de dólares el último trimestre del año pasado, aumentaron en otros 26 mil millones (23% interanual) en los tres meses a fin de marzo. Todas las categorías participan del movimiento al alza, pero las líneas inmobiliarias acaparan 90% del volumen total. De un trimestre a otro, la tasa de préstamos en situación no corriente trepó de 1,39% a 1,71%. Hay que rastrear más allá de la recesión de 2001 -y remontarse hasta el lejano primer trimestre de 1994- para hallar un valor superior. El fenómeno, además, no encarna un hecho aislado: más de la mitad de los bancos -52%- compartió esa pesadez en ascenso.

    La respuesta de las entidades aseguradas por la FDIC consiste en un paralelo incremento de sus provisiones para afrontar pérdidas que, en el primer trimestre, se hincharon en 37,1 mil millones de dólares (17,5 mil millones más que las reservas consumidas por los quebrantos). En la carrera entre la constitución de provisiones y el deterioro terminal de la cartera, las reservas conservan la delantera. Pero cuando se considera la evolución de los préstamos irregulares, las provisiones, a este ritmo, no logran mantener el paso. Su ratio de cobertura cayó por octavo trimestre consecutivo y es el más bajo -89 centavos por cada dólar de atrasos- desde 1993.

    De ahí, el impulso de la FDIC a distintas iniciativas para atajar el alud inmobiliario. En esa actitud, Bair prestó apoyo intelectual a la propuesta de la Alianza Hope Now (que propició el congelamiento voluntario de las tasas de las hipotecas subprime ajustables) y ahora promueve la concesión de préstamos del gobierno a bajo costo -y con un período de gracia de 5 años- que permitan la cancelación parcial del principal de hipotecas en situación resbaladiza. La idea (original de Martin Feldstein) es que quienes reciban esta asistencia puedan pagar 20% de su deuda y reestructurarla a tasa fija. A cambio, el Estado tendría la prioridad de cobranza ante la venta de la propiedad (o una eventual refinanciación hipotecaria). La FDIC calcula que con un fondo de 50 mil millones de dólares podría enderezarse la suerte de un millón de hipotecas (y salvarse igual número de casas de un cartel de remate). La corporación alega que, con un diseño adecuado, el esquema no sería un bail out (rescate) y el contribuyente no quedaría expuesto a un riesgo de incumplimiento. La posición de la titular del FDIC, Sheila Bair, es clara: la intervención oficial temprana es mejor, y menos onerosa, que una política de barrido de los escombros después de los hechos. Es la lección de la crisis de los Savings & Loans (bancos de ahorro y préstamo para la vivienda) de los 80 y los 90. Convulsión que, para la FDIC en particular fue una experiencia terrible. Los bancos en problemas, en 1990, no eran 90, sino 1.496 (de un universo entonces superior a 15 mil). Y no cayeron 4, sino 382 (y 271 un año después más otros 181 en 1992).
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