Estiman que la recuperación de la economía tendrá forma de "K"

Economía

Los especialistas intentan diseñar la pospandemia, pero cada nueva semana de bloqueo o de vuelta atrás los obliga a recalcular. Ahora el consenso vislumbra una nueva realidad.

Día a día los coletazos de la crisis sanitaria global hacen que los expertos en predecir cómo será la recuperación económica vayan sepultando sus pronósticos uno tras uno. Desde el advenimiento de la pandemia los macroeconomistas fueron pasando de la euforia a la decepción, con algunas escalas intermedias. En función de la experiencia histórica al comienzo aventuraron con cierto optimismo que venía una “V” (un fuerte y rápido rebote), luego esbozaron una “U” (una recuperación más lenta), más tarde idealizaron una “W” (rebotes con recaídas) para después sumergirse en predicciones funestas de una “L”, o una especie de “pipa de Nike” o hasta algo parecido al símbolo de “raíz cuadrada” (todos simbolizando un estancamiento). Ahora bien, dado el desempeño visto hasta el presente en los distintos países comenzó a ganar adeptos el pronóstico “K”. Más allá de las ironías criollas, los analistas de Wall Street y de la UE vislumbran una recuperación tanto entre países como entre sectores muy divergente. Por lo tanto, esta es ahora la letra que manda, la “K”, porque sería la que mejor explica lo que está pasando y puede pasar una vez terminada la pandemia.

¿Pero qué implicancias tiene una recuperación “K”? La esencia de este pronóstico apunta a que la recuperación no será para todos igual y ni siquiera llegará a la misma velocidad. Por ende lo que primará es una mayor disonancia entre países sino también entre sectores y clases económicas. O sea, la “K” al estilo criollo anticipa más grieta, más divergencia en el mundo.

Por ende la recuperación económica será divergente, irá a dos velocidades, lo que ya está ocurriendo en todos los continentes, incluso en los bloques comunitarios como la UE o incluso entre estados de EE.UU. y entre sectores económicos. A nivel socioeconómico esto implica un mayor crecimiento de la desigualdad.

Esto ya se está viendo ahora antes que baje la espuma de la pandemia. Hoy ya se ven fisuras y pozos ciegos entre sectores y clases sociales. Como siempre, las crisis no golpean a todos por igual. Basta con ver en la Eurozona cómo está Alemania y cómo están otros socios comunitarios que dependen más del turismo como España e Italia. La nueva normalidad sin duda no será igual para todos. Lo mismo ocurre por ejemplo en EE.UU., principalmente a nivel sectorial donde las grandes cadenas minoristas, los bancos de inversión y el comercio electrónico salen airosos y hasta triunfantes mientras las aerolíneas, el turismo, las tiendas, restaurantes, bares y otros trabajadores del sector servicios ven y verán pasar por alto la recuperación. Algunos hacen hincapié en que el escenario “K” es lo más parecido a lo que se denominó en la crisis financiera global de 2008 como la bifurcación de la economía, donde los mercados financieros quedaron en el vértice de la pirámide de supervivencia y la economía real bien en la base. Claro que estos beneficios desiguales de la recuperación plantean riesgos a largo plazo para la economía, sobre todo para la de EE.UU. Y Wall Street es un buen ejemplo del horizonte “K”: las Bolsas no paran de subir desde marzo mientras que la economía real (Main Street) va reaccionando espasmódicamente con niveles de desempleo (principalmente entre los sectores de bajos ingresos), de actividad y quiebras (sobre todo pymes) que son aterradores. Al respecto, el mercado bursátil es fiel reflejo de esta situación donde las recuperaciones son el espejo de los rendimientos y así los papeles tecnológicos son las vedettes del año. Algunos simplifican argumentando que el boom de las acciones del Nasdaq y de otros líderes del S&P500 y del Dow muestra “el día después” donde los sectores menos tecnológicos o con menor acceso a la tecnología van quedando rezagados frente al resto. Por esto es que se habla de la recuperación “K”. Pero todo este boom financiero tiene como contracara una mayor desigualdad ya que más de la mitad de la riqueza financiera está en manos de solo un 1% de los inversores. Esto no solo implica la tenencia de activos sino que el “efecto riqueza” se ha concentrado fundamentalmente en las tecnológicas (Tesla, Zoom, Google, Amazon, Apple, Facebook, etc.). El daño infringido por la pandemia, vía bloqueos, aislamiento, cuarentenas y demás esquirlas, hace que tanto las pérdidas económicas como la futura recuperación dependan de la intensidad de las medidas sanitarias aplicadas así como también de la estructura económica y social y de la capacidad de cada gobierno para ayudar vía estímulos fiscales y monetarios. Los países más dañados se someterán, junto a sus sociedades, a cambios más drásticos para adaptarse a la nueva normalidad. Porque la asistencia pública no es una solución de largo plazo. Muchos hoy desempleados, en su mayoría jóvenes, tendrán que buscar empleo en otros sectores distintos a los que estaban empleados u hoy buscando trabajo.

Cuando el mundo temía por la “perezosa” “W” (una aguda y doble caída y una lenta recuperación) llegó la “K” con todo su ímpetu.

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