Cristina con Chávez, el juego del péndulo
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El petróleo volvió a superar los u$s100 tras el anuncio del bloqueo estadounidense a Irán
Hugo
Chávez,
asediado por
los trabajadores
de ATE,
visitó ayer el
INTI y
terminó su
última gira
por Buenos
Aires. No
volverá hasta
después de
las elecciones
de
octubre.
Un clásico en estos casos: en la Casa Rosada -también en Cancillería- dijeron que Chávez pidió visitar la Argentina para coronar la compra de 500 millones de dólares en bonos no solidarios y concretar la firma de un puñado de acuerdos en materia energética.
Es una verdad a medias. La incursión del venezolano fue una movida coordinada entre Caracas y Buenos Aires para aportar, según los kirchneristas,a la campaña de la primera dama al imprimirle una cuota de «latinoamericanismo», dicen unos. «Un poco de izquierda», resumen otros.
¿A qué vino Chávez? Un dirigente que transita entre Kirchner y el venezolano redujo la respuesta a una frase: «Vino a hacer campaña para Cristina». Y a mostrar a una Cristina más «equilibrada» luego de sus coqueteos con sectores que en el mapa K aparecen como «de derecha».
El encuentro con empresarios españoles a los que les habría prometido futuros aumentos de tarifa, la reunión con Felipe Calderón -luego de respaldar al perdidoso López Obrador- y los contactos recurrentes con la comunidad judía aparecen, para la izquierda vernácula, como malas señales.
El bolivariano Chávez, se sabe, financia múltiples experiencias políticas y militantes en la Argentina. No todas son kirchneristas. Para el gobierno, la palabra de Chávez sirve para evitar fugas por izquierda o, siquiera, para opacar críticas de autoproclamados progresistas.
¿No fue acaso un mensaje con el mismo sentido la crítica que Kirchner hizo en México respecto del muro que Estados Unidos construye en la frontera con ese país?
Aquella referencia, pensada también para el mercado electoral doméstico, fue repasada por Kirchner y Chávez en quizá el único capítulo internacional de la visita de dos días que el venezolano hizo a la Argentina.
Cuando, la semana pasada, Kirchner viajó a México prometió intermediar para tratar de restablecer las relaciones diplomáticas entre el gobierno de Calderón y Chávez.
Cordial, condescendiente, el venezolano anunció desde la Argentina el envío de un embajador a Distrito Federal.
El ítem México se discutió la noche del lunes en Olivos en la cena que compartieron Kirchner y Chávez. Unas horas más tarde el bolivariano anunció que Roy Chaderton Matos, ex vicecanciller, será enviado como embajador a México tras dos años de ausencia de delegado diplomático.
Parajodas de la política, Chaderton fue el primer nominado para ocupar la vacante dejada por Roger Capella en Buenos Aires, luego de las quejas del gobierno argentino por lo que consideró « intromisión» de ese delegado chavista en asuntos de la política interna.




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