22 de julio 2026 - 11:30

¿Cuánto tiene que rendir un plazo fijo por mes para no perder contra la inflación?

Con un alza de precios mensual superior a las tasas que ofrecen la mayoría de los bancos, el rendimiento de esta herramienta vuelve a ser cuestionado.

La diferencia entre la inflación y la tasa efectiva define si un depósito conserva o pierde poder adquisitivo.

La diferencia entre la inflación y la tasa efectiva define si un depósito conserva o pierde poder adquisitivo.

El plazo fijo tradicional sigue siendo una de las herramientas de ahorro más elegidas por los argentinos, especialmente entre quienes priorizan la seguridad sobre la posibilidad de obtener mayores ganancias. Sin embargo, el escenario económico actual volvió a instalar una pregunta: ¿qué rendimiento mensual necesita ofrecer un depósito para que el dinero no pierda poder de compra frente a la inflación?

Tras la desregulación de las tasas mínimas que dispuso el Banco Central, cada entidad financiera quedó habilitada para fijar el interés que paga por los depósitos en pesos. Desde entonces, la competencia entre bancos derivó en rendimientos muy diferentes y, en muchos casos, por debajo de la evolución del Índice de Precios al Consumidor (IPC).

Según el último dato difundido por el INDEC, la inflación mensual volvió a ubicarse por encima de la mayoría de las tasas nominales que ofrecen las entidades para depósitos a 30 días.

Inflación vs. tasa de interés: ¿cuál es el rendimiento real actual?

Para determinar si un plazo fijo gana o pierde frente a la inflación no alcanza con observar la Tasa Nominal Anual (TNA). Lo importante es comparar el rendimiento del período con el aumento registrado por el IPC durante ese mismo lapso.

Actualmente, buena parte de los bancos ofrece tasas nominales anuales que se ubican entre el 18% y el 24%, aunque existen diferencias según la entidad y el canal elegido para constituir el depósito. Traducido a un plazo fijo tradicional de 30 días, esos porcentajes representan rendimientos mensuales aproximados de entre 1,5% y 2%.

Si la inflación mensual se ubica por encima de ese rango, el resultado es una tasa real negativa. Esto implica que, aunque el banco pague intereses, el incremento de precios termina absorbiendo esa ganancia e incluso supera el rendimiento obtenido.

Por ejemplo, un depósito de $10.000.000 con una tasa mensual del 1,7% genera aproximadamente $170.000 de intereses al cabo de 30 días. Sin embargo, si durante ese mismo período los precios aumentan un 2%, el dinero debería haber generado al menos $200.000 para mantener exactamente el mismo poder adquisitivo.

La tasa "ideal": el porcentaje mensual que necesitan los ahorristas

La referencia más importante para calcular el rendimiento necesario es el índice de inflación mensual. Si el IPC registra una variación del 2%, un plazo fijo debería generar como mínimo ese mismo porcentaje durante el mes para conservar el poder adquisitivo del capital invertido. Si la inflación fuera del 2,3%, el interés debería ubicarse por encima de ese valor.

Además, existe otra cuestión que muchos ahorristas pasan por alto: la Tasa Nominal Anual no refleja directamente cuánto se gana en un plazo fijo de 30 días. Para conocer el rendimiento mensual es necesario dividir ese porcentaje según el período correspondiente.

Otra cuestión importante es que la inflación futura nunca se conoce con anticipación. El ahorrista constituye el plazo fijo con la información disponible en ese momento, pero recién al finalizar el período puede saber si el rendimiento alcanzó para compensar el aumento de los precios.

¿Por qué los bancos pagan tasas por debajo del IPC?

La diferencia entre la inflación y las tasas de interés responde a varios factores económicos. Desde que el Banco Central eliminó la tasa mínima obligatoria para los plazos fijos, cada banco define su estrategia de manera independiente. Algunas entidades priorizan captar depósitos ofreciendo intereses más altos, mientras que otras pagan menos porque buscan reducir el costo de financiamiento.

También influye la política monetaria. Cuando las tasas de referencia disminuyen, el sistema financiero suele trasladar esa baja a los depósitos tradicionales.

A esto se suma la expectativa de inflación. Si los bancos consideran que el aumento de los precios continuará desacelerándose durante los próximos meses, pueden ofrecer tasas inferiores a la inflación pasada porque proyectan que el IPC futuro será menor.

Sin embargo, esa expectativa no siempre coincide con la evolución real de los precios. Cuando la inflación termina siendo más elevada que lo previsto, los depósitos tradicionales vuelven a registrar rendimientos negativos.

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