11 de julio 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles Históricos

Fecha: 14/07/1998

Tiempo para tamizar discursos, de ese festejo adelantado del 144º aniversario de la Bolsa, no nos trae nada nuevo respecto de las palabras del Poder Ejecutivo. Lamentablemente, porque deseamos que resulte a la inversa, no se desviaron ni un centímetro de aquello que marcamos año tras año -antes de los discursos- y es que los discursos de las autoridades nacionales en la Bolsa siempre llevan la carga «de haberse escuchado antes». Esto lo decía Shopenhauer respecto de ciertos escritores que nunca alcanzarían relevancia, precisamente el dar la sensación de haberse leído antes. Siempre lo archiconocido, aquello que tiende a lisonjear la importancia que se le da a la Bolsa, el ponderar la actuación de sus participantes y la seguridad sobre que se le otorga la máxima importancia al sistema de mercado de capitales, a la formación de ahorro, a la financiación de empresas, etcétera. Más o menos con distintos términos, según quién redacte esos discursos para cada presidente, el fondo es siempre más de lo mismo. Sea la época que fuere, predomine la tendencia que predomine, nunca se pueden encontrar novedades o iniciativas concretas de estímulos que hagan ver en la práctica que se le da importancia a lo bursátil. El discurso del titular de la Bolsa, Eugenio de Bary, llevaba cierta carga de iniciativa respecto de que los medios se encargaron de remarcar: la repatriación de capitales. La respuesta a esto fue una larga exposición de logros económicos del gobierno, el hecho de estar cumpliendo metas con el Fondo y un articulado de argumentaciones que -con ligeros retoques- podía haber sido utilizado para cualquier otra alocución en otros foros ligados a lo económico/financiero.

Pasó la fiesta aniversario de la Bolsa, no dejó nada más que a una entidad plan-teando cuestiones y proponiendo algunas ideas. Del otro lado, nada. Más que palabras reconocidas, suma amabilidad de trato y el gesto presidencial de no haber roto el invicto: no haber faltado nunca, en todos sus años de mandato, al festejo del organismo bursátil. Había quienes pensaban y decían que «algo traía» ese discurso oficial de este año. Pero esto también es letra conocida y nuevamente la tendencia no se ha quebrado. La idea subliminal, para nosotros, es algo así como: «Amigos, los queremos mucho, pero arreglénselas como puedan. Y como siempre...». Y esto no es de Menem, ha sido de todos los que hemos podido seguir en tres décadas. La leyenda continúa.

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