7 de noviembre 2000 - 00:00

Cupones bursátiles

Un economista-showman, de los muchos que están dando vueltas por elmundo en esta época de valores superfluos, dijo con total naturalidad que: «Dela Rúa es un presidente para los domingos a la tarde...». Ingenioso, peroirrespetuoso. Más, cuando lo dijo aquí mismo y en la presentación de un negociosuyo. Nadie se exaltó por eso, no salieron funcionarios y políticos a losmedios, a replicar al osado. Es que no hay que ser muy audaz para decircualquier cosa de nuestro país y de sus figuras prominentes, aun de las másaltas: a tal grado ha llegado nuestra falta de orgullo nacional. En cambioporque un ex presidente local, Alfonsín, dejó caer lo que no pasa de ser un«sueño», como él mismo dijo después, se le lanzaron todos en jauría a morderlelos garrones... ¿Semejante atrevimiento, señor? ¡Cómo va usted a mencionar,siquiera, lo que tenga que ver con la deuda externa! ¡Cómo habría de meterse,con nuestros intocables acreedores! Puede un extranjero casi mofarse de nuestropresidente de la Nación, nadie se ofende. No puede un ciudadano argentinolanzar ninguna mención sobre acreedores foráneos.

En dos cuestiones, que no pasan de ser dos anécdotas, se encuentra -sinembargo-la extrema gravedad de un ser nacional que ya casi no existe. Además,queriendo hacer gala de tanto celo, como para tergiversar absolutamente lo deAlfonsín y, quien lo haya escuchado, coincidirá con su enojo por los ataques,ya que esta vez -no importan otras-su expresión fue inequívocamente como quienlanza un deseo al viento, como quien pidiera algún deseo a un genio que le hayaofrecido cumplírselo...

Pero no sólo eso, le cargaron la romana de las bajas de las acciones yla suba del riesgopaís. Con lo que se vendría a demostrar una figura tambiénmuy delicada: que se ha montado una estrategia de poner todas las decisiones enun pasillo, muy estrecho, y a través de sucesivos golpes de mercado obligar aque se haga lo que «el mercado» (ese monstruo sin identidad, pero que escuda aotros tantos de grandes fauces) quiere que realice la Argentina. Todo está comorehén de tales designios, y ni siquiera se puede abrir la boca (si es unpersonaje conocido) que roce los intereses puestos en danza. Estas sonsensaciones, aquellas relatadas eran anécdotas, no tienen cotización ni aceptanposeer un valor contable: pero, son indicativos de que estamos mucho peor de loque creemos, o medimos, por meros aspectos de la economía o la Bolsa. A talesniveles se han dado vuelta los valores de la escala nacional, que solamentefalta darles las llaves a quienes están en los umbrales y usando el controlremoto. Frente a este panorama, nada de lo que suceda en lo inmediato con lascotizaciones, puede merecer algún grado de realidad; son solamente instrumentospara otros fines, que las de dar un precio a valores empresarios. No les crea.

 

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