20 de diciembre 2000 - 00:00

Cupones Bursátiles

El lunes se producía el anuncio oficial de ese extraño paquete titulado como «blindaje», con una composición donde se puede remarcar que: 13.000 millones aparecen como aportes locales, a través de la banca y de los fondos de pensión. Casi la misma cifra que se anota el FMI. Y el resto son pequeñas contribuciones de entidades, más la aparición de España que mucho no se jugó con sus $ 10.000 millones. El caso es que en el recinto se podía palpar el dejo amargo de cierta desilusión. Cuando el Merval se fue moviendo con la pesadez de un viejo barco y la propulsión de un par de gastados motores diesel, con mucha humareda y pocos caballos de fuerza. De inmediato había que buscar un reemplazo a la nueva valla que habiendo sido superada, no traía consigo el descubrimiento de tierras fértiles y plagadas de flores. Era más de lo mismo. Los casi $ 40.000 millones no habrían de sacarle ni una lágrima de emoción al mercado.

Esa nueva posibilidad a inculcar en el ambiente pasaba entonces por un hecho externo: qué iría a hacer el viejo Alan con las tasas al día siguiente. Sin mayores explicaciones acerca de qué podría traer esto de bonanza para nuestro recinto, solamente campeaba la vieja especulación: si el dinero es más barato, puede que alguna miga que ande por el mundo buscando colocarse aterrice por aquí...

Había, claro, interrogantes internos más profundos que esa tasa del veterano Greenspan, pero que muchos se cuidaban mucho de plantear: ¿qué blindaje vendría para la deuda privada que está hace rato sin bicicleta en el exterior y con compromisos a la vista? En este paquete no hay un Cavallo pasando deuda privada a pública, como a inicios de los '80, y cada uno deberá salir como pueda de las situaciones.

Bajar el riesgo-país, que las tasas locales sean menos letales para los endeudados, dos objetivos alcanzables: pero esto no significa que todo el mundo se lance a invertir y los consumidores a comprar: en buena parte porque cada vez hay menos consumidores, por voluntad o necesidad, y para el empresariado: porque no se está seguro de que se pueda estar en nivel competitivo dentro del contexto actual. Justamente, ese día por la noche, aparecía el resultado más nocivo en cuanto a producción industrial, con una rebaja de 5% -nada menos-sobre lo anterior y determinando otra marca espectacular dentro del panorama recesivo.


Llámele blindaje, para suavizar la cosa, pero las sucesivas frustraciones ante supuestos estímulos que se quieren lanzar al ruedo impone que esta crisis va en serio, muy profunda, y que ya no es dable levantar ánimos con algunas señales que se quieran jugar como fundamentales. Las famosas «expectativas racionales» se instalaron con toda crudeza: el gobierno no lo cree.

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