3 de enero 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Todos los datos concretos que se tienen sobre la mesa de las conclusiones concuerdan en una sola dirección: el mercado bursátil de Buenos Aires arranca 2001 estando en la mayor de las soledades de que se tenga memoria. Sabido que los fondos internos están cuasi «confiscados» por la ansiedad del Estado para poder cerrar sus cuentas, el fondo institucional queda así fuera de circuito para la toma de papeles privados. Del inversor individual no se tienen muchas señales de vida desde hace un buen tiempo y si viene de hace más de un año tratará de desquitar parte de lo que dejó por el camino, aunque difícilmente coloque más dinero en circulación. Si a esto se le suma que las propias colocaciones sin riesgo, como los depósitos, han sufrido un drenaje y toman vía Uruguay -como lo publicara este diario hace unos días-, la fuente local es un dique seco.

Pero, también estuvimos repasando opiniones de afuera y el lector tuvo parte de ellas, a través de sucesivos cupones, donde hay una problemática seria por ver su propio ciclo maduro y peligrosamente inclinado a la corrección severa. Estados Unidos y Europa temen tener que pagar el precio por los años de bonanza y apenas destinarán una porción para los emergentes riesgosos, en una lista donde México y Brasil se llevan las opiniones... para lo escaso que haya.

Así que «playa no hay», es un hecho a la vista. ¿Qué se puede hacer para poder evolucionar en tal forma? Lo primero, claro, es que se pueda generar un cambio en las llamadas «expectativas racionales» del ambiente local. Sea porque el asunto de invertir en obra pública, o por algún acierto que aparezca, o por una drástica baja de la tasa de riesgo y de la tasa real, lo que provenga tiene que ser desde nuestras entrañas.

Y si esto se produce, posiblemente que se desvíen algunos de los fondos ahora vedados para nosotros y decidan tomar riesgo argentino por la posibilidad de diferencias amplias.


Nunca tan solos con nuestra propia conducta y nuestras propias esperanzas, y todo lo que no consigamos hacer no le hará nadie que esté ahora en el horizonte. Llamarse a otro tipo de expectativas es caminar hacia un autoengaño, costoso, a menos que se posea otro flanco desde donde mirar esta realidad y que nosotros no hayamos incorporado en este breviario de situación.


Pinta para ejercicio difícil, más que el anterior, y queda abierta la puerta para que algún golpe de expectativas favorables gire el ángulo actual. En zona veraniega ahora, temporada baja, empresas que suelen acusar el trimestre flaco, tener temores parece lo más sensato: pero estar atentos es también una buena medida ante un país tan amigo de dar sorpresas...

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