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También está la teoría de que es favorable el «canje de deuda», mecanismo mediante el cual el actual gabinete se quita la pelota de encima y la patea unos cuantos años hacia adelante. Claro, por allá habrá otro gobierno y por el que convendrá rezar desde ahora, así como por nuestros bisnetos cada vez más endeudados por este presente de facilismos. La onda por estos tiempos parece estar en tratar de alegrarse por todo lo que se hace, inclusive por pelearse con Cuba. Todo trae un envoltorio de país «positivo», al que el mundo lo favorece -pase lo que pase en el mundo, aunque sea un terremoto-y dentro de esto está la novedad «doble fase» (como esos hules reversibles, tan útiles): simple instrumento de dos caras, siendo las dos... favorables. Una moneda de dos caras, como la balanza comercial: que se advierte como «positiva» porque en el año 2000 dejó algo así como 1.100 millones de superávit. Pero, si daba déficit se hubiera vendido igualmente bien, agregando la frase tantas veces repetida de «es porque hay gran actividad y se importa más, para después exportar más». La teoría, volviendo al inicio, de desear que a los grandes les vaya muy mal -para que vengan aquí- es un modo de usar las dos caras, si andan bien nos favorece y se andan muy mal... ahora también. Fantástico, fascinante, sólo tenemos que inventar el chocolate de goma.



