13 de febrero 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Terminado este período de febrero, nos deja la siguiente conclusión: al margen de que pueda seguir subiendo, o efectuar una corrección bajista, el ritmo y el armado de este mercado del segundo mes, ya no es el mismo que supo tener. Y esto lo hace menos certero, menos predecible, menos confiable si se quiere.

Al tiempo que algunos se satisfacen de que en los mercados mayores todo siga en sentido negativo porque la teoría desarrollada es que si se «pinchan» allá, el capital vendrá a esta región y tipo de mercados: nos sigue preocupando, no satisfaciendo. Y nos resulta difícil de creer esa teoría, que parece la de la «vaca loca» (para este caso sería el de las «acciones locas») donde se trazó una teoría lineal y satisfactoria para nosotros, algo así como que todos los países irían a matarse por importar carne de la Argentina. Claro, lo que se dejó afuera es lo mismo que le sucedía al gato de Mark Twain: que una vez se había sentado sobre una estufa muy caliente. Nunca más se había querido sentar sobre una estufa caliente... pero, tampoco sobre una fría. Y lo que se vio es que el consumidor de carne le empezó a temer directamente al alimento como sustantivo, sin interesarle ya si le prometen que lo que le venden está alimentado a pasto y forraje. El modo en que lo que parece buena teoría, y noticia, revierte en malas ondas y situación poco deseada.

También está la teoría de que es favorable el «canje de deuda», mecanismo mediante el cual el actual gabinete se quita la pelota de encima y la patea unos cuantos años hacia adelante. Claro, por allá habrá otro gobierno y por el que convendrá rezar desde ahora, así como por nuestros bisnetos cada vez más endeudados por este presente de facilismos. La onda por estos tiempos parece estar en tratar de alegrarse por todo lo que se hace, inclusive por pelearse con Cuba. Todo trae un envoltorio de país «positivo», al que el mundo lo favorece -pase lo que pase en el mundo, aunque sea un terremoto-y dentro de esto está la novedad «doble fase» (como esos hules reversibles, tan útiles): simple instrumento de dos caras, siendo las dos... favorables. Una moneda de dos caras, como la balanza comercial: que se advierte como «positiva» porque en el año 2000 dejó algo así como 1.100 millones de superávit. Pero, si daba déficit se hubiera vendido igualmente bien, agregando la frase tantas veces repetida de «es porque hay gran actividad y se importa más, para después exportar más». La teoría, volviendo al inicio, de desear que a los grandes les vaya muy mal -para que vengan aquí- es un modo de usar las dos caras, si andan bien nos favorece y se andan muy mal... ahora también. Fantástico, fascinante, sólo tenemos que inventar el chocolate de goma.

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