22 de febrero 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

Pasó la rueda, terminó otra sesión bursátil, quedan algunos datos estadísticos. Estos se acumulan, forman la semana, el mes, un año. Parecen servir para dar otras cifras, más globales, tomando mayores o menores lapsos de actividad. Y la técnica utiliza esos números, mayor avidez todavía, buscando qué nuevas figuras se formaron en los gráficos, dónde están los soportes, las resistencias, etc. Pero no todas las ruedas dejan solamente cifras para acumular, existen las «ruedas reflejo», de esas que por sí mismas -sin importar antes y después-señalan algo, envían un mensaje, clarifican un tiempo en que se halla el mercado. Había existido una rueda este año, en lo poco que lleva, que era para dejar aparte de las otras. Fue la del día de los $ 9 millones de efectivo, sin que hubiera feriado en el exterior, y que en extraña coincidencia surgiera cuando se empezó con todo el escándalo de los dineros lavados y funcionarios cuestionados. Era una fecha terrible de contracción, después de haber surcado por un enero donde se tocaban los treinta y hasta cuarenta millones de modo consecutivo. Desde ese día, nunca más la plaza recuperó fluidez, siempre siguió de lo más apichonada, aunque para los que no desagregan los CEDEAR de los montos locales -y se tragan el sapo vivo de la Bolsa-salgan difundiendo jornadas de veinticinco millones que, en la realidad, no pasaban de los doce o trece.
 
Esto fue rematado este lunes pasado, oportunidad donde Wall Street no participaba por su feriado, y al momento de recontar los «votos» que existen en el país por una inversión llamada bursátil: metió miedo. Solamente $ 2,9 millones de efectivo se reunieron para toda la nómina de títulos privados y en el horario completo. Con los agentes en las plazas, con las pantallas volcando su orden electrónica, con los agentes de los fondos de pensión, con todos los instrumentos normales con que se cuenta.

Fueron menos de $ 3 millones de efectivo teniendo que actuar la plaza argentina por su exclusiva cuenta. Nada. Menos que la nada. Es lo que podría llevar un solo papel de los líderes y no de los más grandes.


Una rueda refleja que envió claro su mensaje: la inversión accionaria en el medio local ha sido barrida de los listados, de las carteras, de los inversores comunes y de los institucionales. Esta rueda del lunes no debe amontonarse con las otras, ha dado un testimonio sobre cuál es el verdadero problema que tiene nuestro mercado en estos tiempos: la falta de interés, que anula al capital de riesgo, seguramente volcado a la doble acción del activo de renta fija y casi sin riesgo alguno. Pensar en instrumentos, suponer que faltan opciones para el inversor es negar la realidad. La Bolsa salió del menú.

Financiero,

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