En enero se había construido, con un dinamismo que añora la industria de la construcción, un edificio como de ocho pisos bursátiles... en sólo un mes. A febrero le quedaba la incómoda tarea de ponerle cimientos. No es absurdo que la Bolsa realice este tipo de construcciones, porque ella está fundamentada en el espíritu del «adelanto», y esto obra como con los aviones que quiebran el sonido. Cuando uno mira hacia donde oye el sonido, el aparato ya no está, está más adelante. Es el pecado capital que suelen cometer los primerizos en la inversión, aquellos que se suben al sonido de las alzas... cuando el aparato alcista ya no está. Son los que pagan el derecho de piso al quedarse con los papeles más caros en la mano, cuando la tendencia da la vuelta. En consecuencia, ese edificio de enero no resultaba absurdo, si es que detrás venían los cimientos, los argumentos justificando al dinamismo. Era la tarea de febrero. Pero, el segundo mes se vino con todo el cargamento adverso encima. La realidad de una economía que siguió parada, la menor seducción de la palabra blindaje (gastada por los funcionarios y economistas adherentes) y, de paso, mercados rectores que se vieron desilusionados porque Estados Unidos no entraría en recesión y la Fed no bajaría la tasa. Turquía le puso el broche exótico al menú, un postre sobre el que los argentinos casi nada conocen, pero casi todos opinan, y un nuevo culpable para poder echarle todas las malas que padecemos.
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Después de ciertos días de forcejeos menores, todavía esperando a que febrero echara cimientos, se disparó el peligro intrínseco que nuestra falta de cultivo por la inversión bursátil se supo ganar: muchas acciones en pocas manos. Muchas en manos extranjeras a quienes les importa un bledo saber de balances, o de límites de precios y dosificación de órdenes cuando llegan a la conclusión de dar salida a carteras. La búsqueda de hacer la ganancia de enero, un primer disparo certero sobre Perez Companc. Un segundo disparo formidable sobre Grupo Galicia (a la altura de estos cupones, acaso haya aparecido otro nombre atacado de lleno) y un mercado que se deshizo en una semana, casi todo lo que había tejido en enero. Parecía increíble el miércoles, estar hablando de que el Merval estaba cerca de volver al punto de partida y a los «416» de finales de 2000. Pero, así estaban las cosas cuando repetía ser cabeza de ranking de bajas, dentro de un escenario donde el clima local se enturbiaba en todas direcciones (la social, reagravada). Para estudiar la fabulosa capacidad de cambio que posee una Bolsa, este espécimen es para disecar. Claro, hacer la autopsia de un movimiento no le interesa al bolsillo, sólo a quienes desean saber un poco más de este mundo fabuloso del riesgo. Informate más