Estaremos entrando en el peor momento de estos años? No solamente por lo que nos pasa, que es bastante, sino por los tremendos derrapes de mercados superiores y que atraviesan mínimos como un tren sin control. El más notorio es, naturalmente, el NASDAQ y su «crac» bien corporizado (aunque no se habla formalmente de ello) y que hace rato dejó de ser pendiente gradual.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Con lo que hizo esta semana, ya se había ido a pisos que aparecían a fines de 1998: tres años vista. Y si esto no es un «crac», ¿de qué modo se lo denomina?
Pero, no es sólo ese recinto de ilusiones cotizantes, el propio Dow Jones es una sangría, y los mercados europeos ya están contando pérdidas de entre 10% y 15% en un trimestre. Aquellos que hacían una mala lectura del escenario y que a inicios de año decían que «la situación externa favorece a la Argentina...» hoy cambian el discurso casi con asombro y diciendo que ahora las condiciones variaron. No, nunca estuvieron para este lado, y pensar en que la economía europea iba a estar floreciente, con los Estados Unidos frío, no se tenía en cuenta en Europa: lo inventaban aquí. El mundo está yendo hacia una pendiente de mercados y de crecimientos, algo así como el preámbulo de ciclo que culmina y que pasa de la madurez a la recesión. Donde la palabra «crisis» se comience a utilizar globalizada y no solamente para países de segundo orden.
Por aquí, el «efecto Cavallo» y su irrupción han pasado, algo así como el «blindaje», y lo que se ve por ahora no convence a nadie demasiado. Es una realidad de pasillos, aunque en lo mediático surjan supuestas señales y encuestas hablando de repunte de confianza. Y el asunto del impuestazo del cheque amenaza trabar mucho más todo, donde teoría y realidad pueden comenzar a desentonar si es que la gente no hace lo que quieren que haga: todos «bancarizados», todos pagando impuestos y todos pagando los regios aranceles que les cobran los bancos.
En el ámbito bursátil se plantea el problema, alcanzando el circuito por el impuesto, donde se van encareciendo operaciones y, en lo que hace a una -la «caución»-, es casi letal. De allí que se amontonen montos cortos, renovaciones a pocos días esperando que bajen las tasas, pero con lo impositivo encima. Habiendo tanto circuito extra muros abierto y esperando, lo único que se puede conseguir es expulsar el poco de volumen que queda en nuestro mercado local y que la mayoría vaya vía Nueva York. Como si aparece un gravamen sobre plazos fijos y se genere una fuga hacia algún limítrofe, o paraíso fiscal. Tras apaleado, ahora mojado, el recinto porteño es como un conejito asustado y que está esperando el golpe traicionero en la nuca. Esto es un «N.P.P.» (nuestro propio problema), pero, el mundo está peligroso.
Dejá tu comentario