Qué se «celebraba» en la rueda alcista del miércoles era una especie de incógnita. Porque coincidían los efectos de la baja de tasas en Estados Unidos, que en la primera rueda no había generado demasiado, y una baja del riesgo-país que colocaba la volatilidad del instrumento cerca de los «1.000» puntos (que suena a bueno, por acostumbramiento a haberlo visto mucho más arriba, aún siendo pésimo). Pero, también se sumaban otras señales, entre ellas los anuncios acerca del megacanje -una época tan marketinera que sigue inventando denominaciones de cine ficción... para este país de ciencia ficción-, con idas y venidas entre lo que se mencionaba.
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Respecto de esto último, esa tasa de interés a 15% que estuvo rodando, junto con la oposición a permitir la garantía real con recaudaciones de caja, ponía en superficie el grado de debilidad insufrible ya en que nos encontramos. Porque si bien es cierto que conviene manejar alternativas: el callejón se hace mortuorio cuando las alternativas son una peor que la otra. Puede suponerse que de existir garantía de recaudación, la tasa sería más baja. Sin ella, un grosero nivel de 15% que la colocaría al doble en unos tres años. Permitir cualquiera de ellas, es mandar «presos» a futuros gobernantes, a nuevas oleadas de argentinos que encontrarían el polvorín unos años más adelante. Como la vergüenza es uno de los bienes no mercantiles que esta crisis de identidad se ha llevado, nadie tiene hoy vergüenza -ni quienes firman decretos, ni quienes los ejecutan, ni siquiera quienes los admitende armar semejantes bombas de tiempo para que les exploten a otros en la cara. Cuando comparamos las dos crisis de finales de siglos, la de 1890 y la actual, mencionamos que lo peor de lo actual no pasa por lo económico ni lo financiero, sino por lo humano, por la crisis de valores, por la crisis de identidad nacional, por la crisis de responsabilidad, por la crisis de vergüenza. Seguro que un hombre público de 1890 debía valer por una docena de los actuales, para ser benignos con los actuales. No queremos imaginarnos que en la Bolsa se pueda estar felices de lograr un pacto con el diablo a 15 por ciento anual, o un pacto con la «peste negra» que involucre salarios y jubilaciones en aras de pagar bonos. Preferimos creer que fue por Greenspan, o por la baja del riesgo-país, o porque se arregló el fútbol. En tanto, los desocupados y cierres de plantas coronaban ese día con Firestone, con Postres Balcarce, con una fábrica de cerámicas en Baradero, con largas suspensiones en la Renault, con... la vergüenza cotizando a cero.
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