22 de mayo 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

Está de moda el «costo político» -literal-y el modo de reducirlo, apareciendo en todos los foros esta nueva «panacea» para curar los males argentinos, así como hace una década se trataba de la venta de las empresas públicas. El asunto parece atravesar por una simple cuenta: según qué suma se quiera ahorrar del gasto en políticos, serruchar el presupuesto por esa cifra y dejar el resto. Si uno quiere gastar la mitad, pues echa la mitad de los cargos por la borda. Si es más humilde, quizá se conforme con borrar 30%, o menos. Y por allí, todos aparentemente contentos. Es como la parodia, también actual, de rebajarse los ingresos -a buena hora-una vez detectado que en la población hay serios disgustos por los ingresos de los señores políticos asalariados. Esto se parece a cierta escuela de valuación de acciones, que siempre van por la cantidad final de los balances y no por la calidad de los números, cuando la realidad parece indicar que no es el número de cargos el principal tema de variable de ajuste, sino la calidad con que se desempeñan. Y si uno dispone -es sólo una metáfora-de 272 legisladores mediocres, al llevarlos a la mitad, se quedará con unos 136: igual de mediocres, pero menos. Y el asunto es que el legislador o el intendente sirvan de modo relevante a la Nación, a la sociedad. Un legislador mediocre es caro, aunque se le paguen $ 200 mensuales, pero uno brillante, notable, resultaría barato aun pagándole $ 10.000. Y la consecuencia parece resultar sencilla: buscar la calidad, los notables, bien pagos, en cierta prudente cantidad y que rinden en sus cargos.

Las fórmulas que se leen parecen decirnos: tengamos menos inútiles que antes, así nos cuestan menos. Y con tal razonamiento seguiremos asistiendo a la mediocridad que campea, como también a desvíos propios de quienes no solamente no son notables, sino simples codiciosos dispuestos a transar para llenarse los bolsillos. Si no aspiramos al mejor de los sistemas de gobierno, el de la aristocracia bien interpretada (que es el gobierno de los mejores), estaremos en los mismos problemas, gastando algo de menos oficialmente, pero soportando incapaces que pueden hacer mucho más daño al tener cierto poder en sus manos. Es extraño cómo se encaran los temas de fondo en nuestro país, siempre pasando todo por un razonar de lo mercantil. Es como cuando los ministros serruchan presupuestos buscando bajar cifras, se les quita el IVA a los cables, pero no a la medicina prepaga, a la obra social o, incluso, a los alimentos básicos de la población. Es que resulta que ver televisión es más especial que comer o que poder tener una cobertura de la salud. Tal lo dejan entender con las resoluciones.

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