Pasó el blindaje, puesto en escena como el gran salvador, y apenas duró algunas semanas del verano. La realidad surgió desde abajo con toda fuerza y ese principio de brisa fue barrido y dejado en el olvido. El afán marketinero introdujo después otro nombre con espíritu de imbatible, titulado el megacanje, acepción que parece contener una mezcla de Superman y de Merlín, como si con ello todo retornara a sus cauces y esto nos elevara en la consideración. Pero, todo se desgasta muy rápido en un país que no consigue ordenar sus problemas de base y que, en lugar de aumentar consumidores, los continúa desvalijando de varios modos diversos, incluidas las nuevas tandas de desocupados manifiestos y otros en ciernes.
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El otro flanco pasa por mejorar la competitividad, la carta fuerte con la que insisten desde el equipo económico, pretendiendo que con el problema está en los costos y no en el consumo. Una teoría que deberá probarse en la realidad económica y que nos trae recuerdos de cuando se decía que el problema de la Bolsa local eran las cargas que tenía para el inversor, especialmente el extranjero, y que corrigiendo eso y ubicando los aranceles a niveles internacionales se conseguirían grandes negocios. El resultado está a la vista: con un sistema que se jugó a quedar con ingresos mínimos, con negocios deprimidos, y viendo que la realidad marcó otra cosa. A cambio, los grandes boom se produjeron cuando la plaza local tenía los otros gravámenes y no eran obstáculo para que se apiñaran en llevarse paquetes de acciones. Porque la verdadera fuerza estaba en el potencial de suba de los papeles, ante lo cual cualquier gasto se daba como desechable. Ahora se compra barato, se compra poco y no es negocio para nadie. Porque lo que falta es el inversor que vea otra vez un potencial en nuestras acciones, un consumidor que está absolutamente marginado de nuestras costas bursátiles. Si no hay dinero, si hay temores, no importa demasiado que un automóvil cueste un par de miles menos que antes: porque lo hay que lograr es más gente en condiciones de comprarlo y gente que esté dispuesta a volver a consumir. En esta encrucijada parece clavarse todo intento actual, donde más consumidores van quedando excluidos de la rueda económica, mientras sólo se piensa en mejorar sectores de empresas. Nadie va a producir mucho más porque tenga menos carga, sino que lo hará ajustando la producción a su demanda potencial, pero si para mejorar a los sectores se le extrae del bolsillo a la gente --como el impuesto al chequela fórmula es cada vez más adversa. Como lo es para las acciones, que deben ser tentadoras por lo que pueden dar y no por los gastos para comprarlas.
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