16 de junio 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

Ya resultan de ciencia ficción los problemas permanentes que se deben superar, en el que puede resultar -en estos tiempos- el mercado de riesgo, el de más riesgo en el mundo: el nuestro. Una vez enhebrada una rueda bien positiva, el martes, como descolgada del cielo, y cuando se armaba el eslabón durante la primera parte del miércoles ¿qué se atravesó en el camino?... lo que faltaba: un pedido legislativo acerca de la capacidad física para gobernar del Presidente, derivado de todo ese show de dislates actuado por funcionarios de primer nivel y a partir de una aseveración que copó el centro de la escena, sobre supuesto mal que aqueja a la máxima autoridad. Que sí, que no, que se me interpretó mal, que tiene que renunciar, que no debe opinar sobre la salud del Presidente porque no es el vocero autorizado. En fin. Lo de siempre en un país que cada vez se aparta más de una línea virtual donde podría marcarse la sensatez de accionar.

Mientras tanto, desde Economía solamente pensando a quién empapelar con más bonos hacia el futuro, tomando descaradamente de «puntos» a las AFJP y cometiendo un atropello inconcebible: como que disponen de fondos privados, como si fueran las viejas arcas que fundieron de la jubilación estatal. Nadie parece decir nada, quejarse, ponerle un freno, y bajan la cabeza las administradoras de estos fondos, que derivan más dinero a estos activos que casi nadie quiere tener en cartera en el mundo, con los aportes de los ciudadanos que creen estar aportando a «jubilación privada». Sí, se podría decir, «privada de independencia» y atada a los designios de cuanto ministro les quiera tomar fondos de manera compulsiva.

En las calles, una erupción cada vez más extendida por el vergonzoso tema de Iberia, que demuestra la falta de brillantez y de fuerza de decisiones que tiene este gabinete. Ora, poniéndose en contra de los empleados, ora pretendiendo una actitud fuerte ante España y al advertir el calor popular, para después volver atrás y quedarse en la actitud del que no sabe qué hacer con el asunto. Era un buen tema, un tema bisagra para querer cambiar la imagen y dar la sensación de defender los derechos argentinos contra quién sea, si es que se tiene razón. Pero no, enchastre tras enchastre, se fueron metiendo en un conflicto que generó una motivación donde cada vez más se encolumna la gente común. Un verdadero desfile de hechos increíbles, que deben promover en el exterior los comentarios más reideros sobre un país que insiste en que es serio y hace todo lo posible para desmentirlo. Basta, por favor, porque tener papeles de riesgo en este medio va a ser peor que un cartucho de dinamita con mecha corta. Y la pobre Bolsa se comió la baja, porque no quedaba otra.

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