12 de septiembre 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Hay quienes creen que el único indicador que «sirve» es el Merval tradicional, el que comprende la cartera y la serie histórica desde sus inicios -allá por 1986-, en tanto los demás indicadores no se toman en consideración. Sostenemos que para la magnitud ínfima de nuestro mercado, extraer cuatro indicadores diarios de distintas composiciones es un lujo que raya en lo ridículo. Hay ese Merval «clásico» del que hacíamos mención, pero hay un pariente argentino que excluye a las de sede extranjera y se titula «MAR». Existe un índice por capitalización bursátil, por envergadura de las acciones, y es presentado como Burcap. Se habla de modificar este indicador, hacer como en el Merval, o cosa parecida.

Finalmente, el más antiguo y el único que permite registrar el historial de nuestra Bolsa (al menos desde 1967), el índice general Bolsa de Comercio. A la vieja usanza, comprende a todas las especies del mercado y sin ponderarlas por volumen (como hacen los mervales). Siendo tan distintas las fisonomías, las fórmulas empleadas, la cantidad de especies involucradas, hasta las muy disímiles escuelas -si se las puede llamar así- que están detrás de ambos modos de sintetizar la actividad: resulta que ya en nueve meses de trabajo bursátil tan agitado, tan poco armonioso y tan plagado de saltos y baches, el índice viejo y el índice joven coinciden a pleno en dar la diferencia del año para nuestro mercado. Al jueves pasado, tanto el Merval como el índice Bolsa (uno sobre líderes, el otro sobre todas) marcaban 26% y fracción de caída en este lapso de 2001...

Es curioso y singular, porque quien sigue ambas series habitualmente, como nosotros, y ve lo distinto que registran en muchos días (el Merval subiendo, el de la Bolsa bajando, y con porcentuales muy abiertos) puede suponer que en el total anual, los saldos podrían resultar muy distantes. A cambio de ello ofrecen un ajuste perfecto y como para interpretar que en distintos tiempos y regímenes de marcha (las líderes se mueven primero, las medianas y menores actúan con retardo), toda la cartera cotizante está perdiendo lo mismo: en promedio simple, o en el ponderado. Una cuarta parte del precio de cotización de fines de 2000 se ha ido por la rejilla en ocho meses y pico. ¿Es poco, es mucho, está bien? Pero, más que eso, ¿qué hay del valor de esas especies, devaluadas en sus precios? Es sencillo decir: «Están muy baratas, han caído demasiado, hay mucho castigo...» Analizar pormenorizadamente, en base a presente y posible futuro inmediato de las especies, insertas en un medio hostil de la economía nacional -y mundial-quizá no lleve a tan drásticas conclusiones positivas. (Y acaso por ello, es que nadie
demanda nada...)

Dejá tu comentario

Te puede interesar