14 de septiembre 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Tras esa bisagra que partió al mundo en dos, antes y después de..., impensada en tales términos, feroz como cabe a lo que ha caído el ser humano de estas épocas, y ahora pendiente quizás de cosas peores: a partir de los efectos que traerá esta acción terrorista. Esto gobierna absolutamente el escenario y centra la atención de todos en el mundo. Pasan a segundo plano muy alejados, todos los planos que contengan -por ejemplo- a mercados, cotizaciones, hechos mercantiles. Todo esto en el terreno de lo ideal, de lo hipócrita también, de los que vuelcan su dolor para salir en los medios, pero siguen tejiendo por debajo y seguramente haciendo hipótesis para ver dónde estará el próximo negocio y qué diferencia se puede obtener de una catástrofe.

Ya no están los Rotschild sacando partido de la sangre de la batalla de Waterloo, para hacer fortuna en la Bolsa sabiendo antes que nadie el resultado, pero estarán personajes similares vestidos de otro modo, aprovechando cualquier circunstancia relacionada con esta tragedia del martes. Seguirá siendo así. Preferible remitirse solamente a los hechos, sentir y pensar, pero prescindiendo de muchos cocodrilos que vierten lágrimas tramposas.

Nuestra Bolsa advirtió que habría daños imposibles de soportar, por un cuerpo accionario magullado de muchas palizas del año y de años previos. Justamente, se venía de un inicio de semana que ya tomaba aspecto histórico, sin siquiera sospechar lo que vendría a sepultar todo durante el martes, y se debe tener en cuenta: nos animamos a describir como «semana grave» lo que podía aparecer, solamente porque la falta de resistencia a las ventas que se llevaron por delante el piso de los «300» en el Merval, constituía una pésima señal. O una señal sobre que aparecerían novedades malas en nuestro medio. Esas novedades vinieron de otra parte, y de muy distinto tener a lo imaginable, por lo que esta semana se tornó en una sinfonía inconclusa -con suspensión de ruedas- sin saberse hasta qué punto era un «réquiem» inconcluso. Lo que cayó ahora desde arriba, aplastando todo ánimo operativo que pudiera quedar, desemboca en un terreno para el que nadie podía tener alguna previsión.


Y, de paso, oculta una tendencia de nuestro mercado que estaba yendo hacia abajo sin precisar ayudas tan catastróficas, como la del martes, para hacerlo. Ahora, solamente la confusión. Gente que dispara de los activos de riesgo, espera por réplicas y venganzas, nuevas conmociones, pero también la aparición de los que se llevan lo que otros dejan. Si algo le faltaba a este 2001, para resultar nefasto a los argentinos, y a los inversores, la lápida cayó en esta semana: unos tres meses antes del final, pero dejando en una nebulosa, que nos preocupa mucho, el camino a seguir por la Bolsa local. No tenía mucho más para aguantar, ni salud para regalar, y ahora esto...

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